Cesar Cidraque Llovet

Quítate esa armadura

A menudo vivimos tan ocupados con nuestras aceleradas vidas que hemos olvidado cuidarnos los unos a los otros. Y lo que es más importante: hemos olvidado de cuidarnos a nosotros mismos.

Opinión

Quítate esa armadura

A menudo vivimos tan ocupados con nuestras aceleradas vidas que hemos olvidado cuidarnos los unos a los otros. Y lo que es más importante: hemos olvidado de cuidarnos a nosotros mismos.

“El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento y el sufrimiento lleva al lado oscuro”. Cuántas personas lucen una máscara o una armadura de apatía, de tristeza, de agresividad en su día a día. Y detrás sólo hay miedo, miedo al dolor.Sólo necesidades y heridas internas, quizá muy antiguas, que intentan ser protegidas.

Tu padre, tu madre, tu jefe, tu compañero de trabajo, tu novio o tu novia, tu hijo, tu amigo. Se te acerca y te pregunta: ¿Cómo estás? Bien, bien, ¿y tú? También. Fin. Y por dentro puedes estar destrozado. Tristísima. Apático. Desmotivada. Que no, que estoy bien, de verdad.

Piensas que no es un buen momento. Total, por qué molestar. ¿Cómo voy a explicárselo a este? Qué le importará, sólo pregunta por cortesía, no quiere que le explique mi vida. No hay tiempo, está muy ocupado. ¿Entonces cuándo habrá tiempo? ¿Cuándo será un buen momento? ¿Qué hay más importante que tu bienestar, que tu paz, que tu equilibrio? Si no priorizas estar bien contigo mismo, ¿cómo puedes estar bien con los que te rodean? ¿Cómo puedes dar lo mejor de tí en el trabajo? ¿Cómo vas a ser un buen amigo, un buen marido, una buena madre?

A menudo vivimos tan ocupados con nuestras aceleradas vidas que hemos olvidado cuidarnos los unos a los otros. Y lo que es más importante: hemos olvidado de cuidarnos a nosotros mismos. Reconocer que necesito comunicarme, que necesito que me escuchen, que me acojan, que me comprendan. Que necesito querer y sentirme querido. Eso se llama valentía: reconocer las propias limitaciones y pedir ayuda. Eso se llama humildad: reconocer que no somos perfectos y que queremos seguir creciendo como personas. Que no somos máquinas, que en ocasiones somos frágiles. Eso se llama sabiduría: conocerse a uno mismo, aceptarse, perdonarse y luchar cada día para intentar mejorar, crecer y aprender. Y sólo entonces empieza el amor. Empieza por ti. La vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas.

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