Ricardo Dudda

Rabia en Lavapiés

El aparente conflicto social en el que desembocó la muerte de un mantero en Lavapiés la semana pasada no fue más que una construcción artificial para amortizar una rabia acumulada. No es una rabia muy concretada sino difuminada en diversas causas sociales: una característica de muchos movimientos sociales y activistas es su necesidad de activarse de vez en cuando en la calle para legitimarse y autoafirmarse.

Opinión

Rabia en Lavapiés
Foto: Alejandro Martinez Velez
Ricardo Dudda

Ricardo Dudda

Periodista y miembro de la redacción de Letras Libres, columnista en El País y autor de "La verdad de la tribu". La corrección política y sus enemigos.

El aparente conflicto social en el que desembocó la muerte de un mantero en Lavapiés la semana pasada no fue más que una construcción artificial para amortizar una rabia acumulada. No es una rabia muy concretada sino difuminada en diversas causas sociales: una característica de muchos movimientos sociales y activistas es su necesidad de activarse de vez en cuando en la calle para legitimarse y autoafirmarse. Si la política se hace en la calle, según estos activistas, es porque solo es una sucesión de actos de visibilización y performances. La correspondencia con la realidad no es necesaria.

Aunque el mantero senegalés no murió perseguido por la policía y sufrió un infarto (tenía antecedentes de problemas cardiovasculares), su muerte se ha politizado y enmarcado en una violencia sistémica, y muchos críticos con la policía comenzaron a hablar de racismo institucional, un término adaptado de los conflictos raciales estadounidenses e introducido aquí con calzador.

La idea de que su muerte no ocurre en un vacío y se explica por su contexto más amplio (de opresiones más sistémicas) ha dado pie a exageraciones que han tenido consecuencias indeseadas: de pronto, la violencia antisistema se ha asociado a un movimiento precario y marginado como el de los manteros. Los deseos de redención de una minoría hipermovilizada que busca la “felicidad política” al romper cajeros y quemar contenedores ha conseguido que la otra minoría precaria a la que dice defender acabe estigmatizada, o al menos que el conflicto parezca mayor del que es. Y al exagerar el problema, lo que se consigue es frivolizarlo. En España no existe el racismo de Estados Unidos, pero hay quienes buscan emular a Black Lives Matter. También consigue activar otras reacciones indeseadas: una derecha populista que vende ley y orden con demagogias sobre violencia en Lavapiés, manteros, okupas y cadena perpetua.

Más de este autor

Cancelar el debate sobre la cancelación

«¿Está bien, es moral, es aceptable que en una democracia liberal una persona que tuitea una opinión polémica sea despedido de su empleo solo porque lo ha pedido una turba?»

Opinión

Penitencia blanca

«Nada gusta más a un progresista blanco estadounidense que sentirse culpable. Al sentirse culpable, puede expiarse, normalmente en público»

Opinión

Más en El Subjetivo

Josu de Miguel

Un rey en el exilio

«Don Juan Carlos ha sido víctima de su codicia personal, pero la clase política española consintió comportamientos no ejemplares en un contexto de corrupción generalizada»

Opinión

José Carlos Rodríguez

Monarquía, pandemia y profilaxis

«Desde que Nietzsche proclamó la noticia de que Dios ha muerto, las monarquías cristianas son sistemas políticos republicanos. Eso es lo que podrá salvar la monarquía en España, que Felipe VI y sus sucesores actúen como republicanos ejemplares»

Opinión

Jordi Bernal

Tú que puedes

«Con el panorama general, y aunque no haya pillado tajada de los pérfidos saudíes ni tenga cuentas en paraísos fiscales, a mí también me gustaría escribir una carta de dimisión, deserción o despedida»

Opinión