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Recuperar la voz

"¿En qué tipo de ser humano nos convertimos cuando nos contamos historias monstruosas que escapan a la comprensión de todos?"

Foto: Olivia Snow | Unsplash

Si es cierto que los humanos somos seres construidos a través de las historias que nos hemos ido contando, ¿en qué tipo de ser humano nos convertimos cuando nos contamos historias monstruosas que escapan a la comprensión de todos? Esta pregunta ha sobrevolado mi cabeza mientras leía febrilmente Ella soy yo (Círculo de Tiza), el relato catártico y luminoso de una mujer que se hace llamar Marta Suria y cuya identidad real no puede desvelar por motivos judiciales.

El libro de Suria aborda el gran tabú de nuestro tiempo: los abusos sexuales a niños dentro del entorno familiar. Más concretamente, por parte del padre. La narradora propone un libro catártico y esperanzador que intenta desmenuzar el origen de un sufrimiento que apenas puede pronunciar porque “le arrancaron las palabras”. Es un libro escrito de modo fragmentario, es decir, tal y como está construida la memoria: a trozos. A los 30 años, en el cénit de su vida, Marta comienza a tener un momento epifánico y recuerda, a modo de flashes, todo lo que su padre le hizo desde que tenía cuatro años hasta bien entrada la veintena.

“El cuerpo no es capaz de dejar de escucharse”, escribe Marta en un momento del libro. “Por fin he cruzado el puente hacia el mundo de las vivas”, relata en otro. Es este un libro en el que prima la literatura, la narrativa que nos atraviesa, que nos hace vivir otras vidas. Sí, las que jamás hubiéramos querido experimentar. Un libro que ustedes deberían regalar en las próximas fiestas navideñas como acto subversivo y revolucionario. Porque si no se habla de algo, esto desaparece. Y entonces las víctimas que siguen apareciendo no encuentran la narrativa adecuada para contarse y narrar el drama, esto es, superarlo.

Hay en este libro, además, dos grietas por las que hay que transitar para comprender del todo lo sucedido: un sistema judicial que “pone minas a las personas” para que crean sus testimonios. Y un sector, el de los profesionales de la psiquiatría, que entiendan bien los mecanismos del trauma y los mecanismos de la memoria. Pues, como la propia autora afirma, la falta de memoria sobre la infancia y adolescencia es uno de los rasgos comunes de las personas que han sufrido abusos sexuales de pequeños.

Marta ha recuperado la memoria y la ha convertido en literatura de altísima calidad. Un grito que debe ser escuchado y leído para que la cadena no se detenga, para que todas y todos recuperen su propia voz.

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