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Refugios

¿Su nombre? Leila. Leila es una mujer como otras tantas mujeres. Una mujer común, amiga, cercana; una mujer de rostro y apariencia, visible, ajena a toda especulación, cercana a la costumbre. Leila es una mujer cuyos ojos son los ojos de nuestra rutina. Accesible compañía en días y estaciones. Aun así, con todo, Leila tiene su techo y su calendario en la frontera entre dos mundos. Diremos, quizá más exactos, entre la frontera, casi, de su propia vida: en un purgatorio hecho de huidas y de esperanzas, de humillaciones y de dignidades, de peregrinaciones y de terror. Leila ha visto el terror. Ha conocido el terror. Leila ha probado el terror en esa frase que ella pronuncia y que cuenta Alberto Sicilia en su blog y en sus redes sociales. “Si no fuese por ellos, me habría quedado a morir en Siria. Viajo porque quiero un futuro para ellos”. Así habló Leila. Se refiere a sus hijos.

Leila está atrapada en la frontera entre Grecia y Macedonia. En esa vergüenza con nombres, con vidas, con personas; en esa vergüenza que es el fracaso de Europa. “Sobre un montón de escombros he edificado mis ruinas”, cantó T.S. Eliot. Y sobre esos escombros edificó Europa una ruina que era, hasta hoy creímos, honor y decencia. Europa nació del desastre, cosa que propició la revolución de la norma y la concreción del Estado de Derecho ante los espejismos de las identidades y las emociones, eje del totalitario. Usemos ese valor ideológico y jurídico-político de Europa del que venimos para dar respuesta. Para que Europa no quede en un esquema de mercados y de déficits, de subvenciones y de becas, de ficciones institucionales. Usemos ese valor para ser refugio de mujeres como Leila. Y de sus hijos.

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