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Revilla, el populismo y la espeleología

"A las espeleólogas espero que les vaya bien, y se dediquen desde ahora a la repostería, a la repoblación forestal o al spinning"

Foto: Atresmedia

Revilla atruena los sábados en la noche. Cubriendo quizá ese espacio que nos dejó en el alma del teleespañolito Emilio Aragón y su VIP noche, espacio que luego fuimos llenando con política, más política y ensayistas del calibre y fuste de Elisa Beni. En esas noches, noches de pizza y porro adolescente, es cuando emergió para la gente de Cieza el prócer de Cantabria, Miguel Ángel Revilla. Un populismo al norte que es en sí mismo regionalista, neorevillista, bilbaíno apócrifo, elefante de Cabárceno y consejero de Turismo. Revilla dice cosas vagas, como los taxistas de Sants, pero a veces da en el clavo porque sabe que sabe que lo sabemos: en eso consiste ser populista.

Lo último, ya saben, es que nos vino a decir por el tuiter que hombre, que el dinero público no está para dilapidarlo en aventureros. Y lo hizo en referencia al rescate de tres espeleólogas catalanas en las cuevas cántabras, operativo que finalmente salió bienLaus Deo–. La cosa es que Revilla, de tantas sandeces y lugares comunes, a veces va y acierta, como en esta ocasión. Porque qué duda cabe de que la espeleología en realidad es ciencia inútil, un deporte para todos aquellos que les falta una mili y una familia con hijos. Eso.

La burguesía catalana que tan bien nos conocemos el maestro Sostres y yo es muy dada a las aventuras en el Aneto o en el chumino de Pachamama –Diosa Tierra– que acabamos pagando todos los curritos. Cuando yo voy a la montaña soy consciente del tiempo, de con quién voy, y de que hay caminos señalizados y que si me pierdo voy a dejarme tres hipotecas en reponer a la Guardia Civil lo que se gasten en encontrarme en La Tiñosa. Cierto es que el senderismo aporta aire puro, limpia el monte, mientras que meterse en las angosturas cavernarias es algo freudiano, más oscuro que mi reputación, que ya es decir (sic).

A las espeleólogas espero que les vaya bien, y se dediquen desde ahora a la repostería, a la repoblación forestal o al spinning, que regula los niveles de testosterona. El aburrimiento y el hastío del verano generan estas espeleólogas rescatadas y hasta un populismo que tiene razón, de Revilla a Rufián, despiojado ahora del lazo.

Yo buscaré otras cuevas, como el ciervo herido…

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