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RTVE es de todos cuando es de los míos

Foto: Paul White | AP

Además de por algunas leyes que pusieron a España a la cabeza de la igualdad y los derechos sociales, como el matrimonio homosexual, por lo que iba a ser recordado el gobierno de José Luis Rodríguez era por dejar una RTVE neutral y profesional que garantizase la independencia y la calidad de sus contenidos, en los informativos, en la programación y en todo lo que depende de la corporación, que incluye la radio y la televisión públicas, pero también la orquesta, como recordaba la violonchelista María José Vivó en un texto de Rosario G. Gómez en El País.

Poco después de ganar las elecciones generales de 2011 con mayoría absoluta, el Partido Popular cambió el sistema que había regido la corporación seis años: ya no se necesitaban los dos tercios de la cámara para aprobar a los miembros de los órganos de gobierno de RTVE, bastaba con una mayoría parlamentaria. Es decir, se devolvía el control de la televisión y la radio al partido que gobierna. A pesar de que hay una ley aprobada en septiembre de 2017 que devolvía la independencia a RTVE –mejorando incluso algunos aspectos, según expertos–, esta no ha llegado a aplicarse y estaba bloqueada en el Congreso.

Con la moción de censura que produjo el cambio de gobierno, se abría la posibilidad de que muchas de las reformas que esperaban en la mesa del Congreso se desbloquearan por fin. RTVE entre ellas, pero también la de la ley mordaza, por ejemplo. Sin embargo, no solo no ha sucedido, sino que el gobierno de Pedro Sánchez ha empleado el mismo sistema que usó Rajoy unos años antes: el decreto ley, un mecanismo que debería usarse solo en casos de “extraordinaria y urgente necesidad”. Toda la negociación se hizo pública y a la luz de los medios y las redes sociales (Ana Pardo de Vera, una de las candidatas propuestas por Podemos, hizo incluso un hilo en Twitter contando su versión en un claro ejemplo de, cuando menos, mala interpretación de la transparencia). Me acordé de un viejo amigo periodista, Miguel Ángel Aguilar, que suele decir que la luz y los taquígrafos son buenos para la democracia, pero que los rincones a oscuras a veces son necesarios.

Hoy se votarán de nuevo los nombres de los cuatro consejeros que no consiguieron suficiente apoyo la semana pasada, así como la designación del presidente del Consejo. Y se ha hecho público que la “transitoriedad” de este consejo durará, al menos, hasta las elecciones de 2019. El espectáculo ha sido bochornoso y ha dejado fuera a la oposición, algo que no garantiza la neutralidad del medio, más bien al contrario. No ha servido tampoco para acabar con las legítimas protestas de los trabajadores, a quienes molestó que la portavoz del gobierno dijera que se habían acabado los “viernes negros” al anunciar el decreto ley. Parece que una de las cosas en las que los partidos están de acuerdo es en que el sectarismo es siempre el de los demás.

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