Gonzalo Gragera

Sacar votos de donde sea

«Vox identifica un problema que afecta a la mayoría social y ahí procurar buscar una causa, una razón, que siempre termina en una ideología contraria o en un grupo social que ellos no aceptan»

Opinión

Sacar votos de donde sea
Foto: Brais Lorenzo| EFE
Gonzalo Gragera

Gonzalo Gragera

1991. En la actualidad colabora en la cadena COPE –Sevilla-, en Zenda y en The Objective. Su último libro es La suma que nos resta (Premio de Poesía Joven RNE), editorial Pre-textos.

El pasado lunes, a última hora de la tarde, un descontrolado número de inmigrantes intentaba entrar de manera ilegal en Ceuta, provocando una crisis diplomática entre España y Marruecos. Aunque ya hubo días previos de tensiones, no fue hasta el lunes cuando la situación se volvió insostenible y los medios prestaron una atención más pormenorizada del asunto. Todo empezó con la acogida en España a Brahim Ghali, líder del Frente Polisario, quien se encuentra enfermo de covid. Desde el Gobierno se ha insistido en que la acogida ha sido por razones humanitarias, pero en Marruecos se ha tomado este gesto como un acto de traición. Y su respuesta consiste en un bloqueo de las relaciones comerciales, e intentar una presión social a través de ciudadanos inocentes. Si es necesario hasta con niños.

En este asunto complejo y delicado, nada fácil de analizar y menos de resolver, Santiago Abascal dijo en su cuenta de Twitter que la culpa de esta situación era del «consenso progre». Fue la misma tarde del lunes, cuando esta crisis diplomática empezaba a sonar en radios y televisiones. Es la estrategia de siempre por parte de Vox. Similar a la retórica que usan al hablar de MENAs. Lo vimos en la campaña a la Asamblea de Madrid, con ese cartel en el que vinculaban la violencia a un colectivo -lo que implica, claro, xenofobia-. Ahora asocian un problema diplomático y una venganza del Gobierno de Marruecos a la influencia del «consenso progre». El juego es el siguiente: Vox identifica un problema que afecta a la mayoría social y ahí procurar buscar una causa, una razón, que siempre termina en una ideología contraria o en un grupo social que ellos no aceptan. Probablemente, hoy día, nadie se atreva a decir que odia a alguien por su raza, pero si a este colectivo lo estigmatizamos como ladrones, violentos, violadores… ya habrá la excusa para defender esa inaceptable idea.

Si España se encuentra en una coyuntura económica adversa, en Vox sacarán a los MENAs para afirmar que son los beneficiarios de las prestaciones sociales que merecen los españoles. Si nos vemos con una represalia de las autoridades marroquíes, y con un grave problema de relaciones diplomáticas entre países, la responsabilidad será del «consenso progre». O de Soros o de China. Esas dianas recurrentes. Aquí las preocupaciones o las adversidades son el medio que tienen para que sus descabelladas ideas sean aceptadas socialmente. Aceptadas por una amplia mayoría. En Twitter tiene su relativo efecto; en las instituciones políticas, en cambio, es aún un apoyo minoritario. Al menos por ahora.

La clave es sacar votos de donde sea. Si es de menores desamparados y en una situación difícil -como muy pocos pueden imaginar-, de ahí. Si es de los miedos y de los instintos más primarios, de ahí. Si es a costa del cinismo, de ahí. Si es de propiciar odios y resentimientos, de ahí. Lo hemos visto en multitud de ocasiones. Esta, de la llegada masiva de inmigrantes ilegales a Ceuta, es una más.

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