THE OBJECTIVE
Antonio Orejudo

Sagrada familia

Fíjense en esta miniatura del Maracaná. ¿A que parece un belén? Mirando esta foto me he acordado de un viejo libro de Vicente Verdú ‘El fútbol: mitos, ritos y símbolos’ que explicaba muchos de los comportamientos irracionales que suceden en el terreno de juego.

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Sagrada familia

Fíjense en esta miniatura del Maracaná. ¿A que parece un belén? Mirando esta foto me he acordado de un viejo libro de Vicente Verdú ‘El fútbol: mitos, ritos y símbolos’ que explicaba muchos de los comportamientos irracionales que suceden en el terreno de juego.

Fíjense en esta miniatura del Maracaná. ¿A que parece un belén? Mirando esta foto me he acordado de un viejo libro de Vicente Verdú que no he vuelto a ver editado. Se titulaba ‘El fútbol: mitos, ritos y símbolos’, y explicaba muchos de los comportamientos irracionales que suceden en el terreno de juego. Lo leí hace muchos años, pero recuerdo lo que sostenía: que en el imaginario de la gente un equipo de fútbol es una familia, una familia sin padre. O con un padre minusválido, un padre que puede hablar, pero que no puede moverse ni entrar en el sagrado terreno de juego. 

El portero es la madre, la figura femenina del equipo, a la que todos protegen. Qué curiosa esa media luna —símbolo de feminidad— colocada sobre el área grande. ¿Alguien sabe para qué sirve? Pocas cosas soliviantan más a un jugador que la agresión a su portero. Y nada más ultrajante y doloroso que un penalti: la madre frente al violador ante la mirada impotente de todos sus hijos.

Sí, los jugadores son los hijos. La línea defensiva la ocupan los mayores, que flanquean al primogénito, el defensa central. Grandullones todos ellos, un poco torpes ya, los defensas son los encargados de atender las necesidades de mamá. En la medular, como diría un periodista, están los hijos medianos, los que traen el dinero a casa en ausencia del padre: los hombres del centro del campo son lo suficientemente maduros como para aceptar la responsabilidad de un cabeza de familia, pero al mismo tiempo son lo bastante jóvenes como para soportar largas jornadas —así se llaman los días de juego—, yendo de un lado a otro, sirviendo de enlace entre los mayores y los benjamines, los delanteros, la alegría a la casa, pero también los más caprichosos y desobedientes.

Miren otra vez la miniatura del Maracaná. Definitivamente es un belén. Dentro está la sagrada familia.

 

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