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Sálvate

Cuando era pequeña, el cáncer de mama era esa cosa mala que había matado a la mamá de una compañera de clase. Pobrecita, no tiene mamá, no seáis malas con ella, nos decían las monjitas. No tiene mamá.

Cuando era pequeña, el cáncer de mama era esa cosa mala que había matado a la mamá de una compañera de clase. Pobrecita, no tiene mamá, no seáis malas con ella, nos decían las monjitas. No tiene mamá.

De adolescente, el cáncer de mama fue esa cosa igual de mala que mató a una de las mujeres que yo más quería en el mundo. Se mintió a sí misma, no fue al médico, cerró los ojos para no verlo, sin querer ir al médico, imaginando que así no sería real; y no nos dijo nada hasta que la metástasis fue ingobernable. 

Ya adulta, levanto la vista, miro al frente, y empiezo a contar. Una de cada ocho mujeres que me rodea va a desarrollar un cáncer de mama. Una de cada ocho. Quizá sea yo, o mis hijas, o mi madre, o mi hermana. Con toda probabilidad, alguna mujer más de mi familia será diagnosticada de un tumor maligno en el pecho. Y también de la suya. Quizá su madre, o su abuela, o sus hijas, o alguna de sus hermanas. Hoy, 60 españolas recibirán la durísima noticia. 

Salvarnos y salvar a nuestras madres y a nuestras hijas y a nuestras hermanas puede estar en nuestras manos. La tasa de supervivencia del cáncer de mama en España es de más del 85 por ciento. Acude cada año a la revisión ginecológica, hazte las mamografías que corresponden según tu edad, aprende a palparte y hazlo regularmente, vigila a las mujeres de tu entorno, convéncelas, haz que ellas también se protejan. 

Sálvate. Salva a tu madre. A tu amiga. A tus hijas. Está en tus manos.

Y no te escondas. No agaches la cabeza. No cierres los ojos pensando en que, si no lo ves, el tumor no estará ahí. No dejes de ir al médico pensando que, si no vas, no te dará malas noticias. No tires tu vida por la borda. 

Sálvate. Y sálvanos a las demás mujeres. 

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