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Sánchez, con todas las cartas en la mano

"En esta política de ministros al galope y socios a tarifa, el presidente en funciones se maneja con todo a su favor" 

Foto: JUAN MEDINA | Reuters

Pedro Sánchez propone reuniones secretas en Barcelona que, cuando se están produciendo, son primera plana en La Vanguardia. En el Foro no había nada más público que un secreto. Hoy lo público es una exhibición. El presidente en funciones es hijo de la tenacidad y de la ausencia de memoria. Es un jugador aventajado de este campo sin vallar, de la información al instante, de los albañales de la política y del olvido caché

No hay cuartos de suicidas en los casinos y tampoco pócimas de la cordura para gobernantes del arroyo. En esta política de ministros al galope y socios a tarifa, el presidente en funciones se maneja con todo a su favor. 

El PSOE -que seguro, antes o después, formará gobierno, aunque sea con el equipo de mantenimiento de la Cámara- tiene un grupo parlamentario que apenas raspa un tercio de la Carrera de San Jerónimo. Siendo así, en el primer combate, el de la Mesa del Congreso, PSOE y Podemos pasaron como una apisonadora. El centro derecha está desmontado. La oposición puede presentar todas las iniciativas en el frontón de la Mesa (desde el cambio del Reglamento para que no haya juramentos de colores hasta que el presidente comparezca para hablar del latrocinio de los ERE): ninguna, a priori, podrá fructificar. 

Además, los socialistas están rodeados de adversarios comprometidos y de enemigos cordiales, siempre dispuestos a sacarlos del apuro; unos por la unidad de España (PP, Cs) y otros por seguir en lo suyo a toda costa (los demás). Hace unos días, en la Diputación Permanente del Congreso, populares y ciudadanos, convalidaron un Decreto para frenar la “nación digital”: los socialistas agradecieron el gesto tanto que llamaron a Esquerra Republicana para seguir negociando el Gobierno.  

Algunos diputados del PP se arriesgan a pensar que habrá investidura antes de que acabe este año, el año en el que Pedro Sánchez se acomodó sin rasguños a elecciones e interinidades, haciendo de ambas un modo de existir en el poder. 

En El Bueno, El Feo y El Malo, el personaje de Clint Eastwood, ha sido sojuzgado con dureza por Eli Wallach; convalece en una monasterio y apenas puede hablar. Pero conoce el lugar donde está el oro que buscan y susurrante le confirma, “Dormiré tranquilo porque sé que mi peor enemigo vela por mí”. 

Todas las cartas son para Sánchez.   

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