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Sánchez resucita a Franco

Es una paradoja incomprensible, y un operación que puede tener consecuencias negativas para España y los españoles. Pedro Sánchez, como antes ZP, se ha empeñado en resucitar a Franco para que parezca que el dictador está vivo y erigirse en combatiente contra la dictadura, seguro que porque piensa que la resurrección le va a dar a él oxígeno político, y no hay duda que con el complejo heredado de sus mayores, porque el protagonismo de la verdadera lucha contra el dictador lo llevaron el PCE y la derecha democrática, con el PSOE en segundo plano. Como se han empeñado en la mandanga de la memoria histórica, que es sobre todo memoria muy selectiva y que no funciona para los crímenes más cercanos y no resueltos, ahora se proponen liarla parda blandiendo un decreto ley, todo muy franquista, para exhumar a Francisco Franco del Valle de los Caídos. Sánchez, el fan de los Killers, que ponía a parir a Rajoy por sus decretos ley, recurre a esa vía para acortar camino democrático, debate y transparencia y de paso tratar de evitar que la familia de Franco no pueda defender sus derechos, que los tiene, claro que sí. Los restos mortales de un fallecido pertenecen a sus familiares, y son ellos los que disponen lo que hay que hacer con ellos.

Pero Sánchez ya ha conseguido parte de su objetivo, que es entretenernos a todos hablando de Franco a estas alturas para que la peña no hable de lo que de verdad nos afecta a los ciudadanos, de lo serio, de lo de ahora, de sus errores, de sus cacicadas, de una Cataluña que cada día va peor, de su corrupción, de cómo coloca a los amigos en la Administración y a la parienta en lo privado, ya sabremos a cambio de qué, de la crisis de la inmigración masiva, o sea, de lo mollar, de lo esencial.

Sánchez resucita a Franco para tratar de resucitar él y que no nos entretengamos en su política de escaparate, de mentiras y de errores culposos. La memoria histórica como salvavidas del presidente náufrago que, además, tiene los cojones de declarar secreto de Estado su viajecito al FIB de Benicassim para su esparcimiento personal sufragado por el erario. Eso sí, aunque Franco era pequeñito y Sánchez es alto y guapo, ambos coinciden en su afición por presumir de gafas de sol, y ya se sabe que todo está en la mirada, y quien te la oculta es por algo.

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