Jesus H. Cifuentes

Sangre de Cristo

Nosotros los vallisoletanos tenemos un profundo respeto y admiración por el vino y su cultura. No es cuestión baladí que nuestra amada Ribera de Duero sea un territorio que produce uno de los mejores vinos que existen en el mundo.

Opinión

Sangre de Cristo

Nosotros los vallisoletanos tenemos un profundo respeto y admiración por el vino y su cultura. No es cuestión baladí que nuestra amada Ribera de Duero sea un territorio que produce uno de los mejores vinos que existen en el mundo.

Nosotros los vallisoletanos tenemos un profundo respeto y admiración por el vino y su cultura. No es cuestión baladí que nuestra amada Ribera de Duero sea un territorio que produce uno de los mejores vinos que existen en el mundo, y que la herencia de nuestra cultura tradicional esté íntimamente atravesada por la vid y su cultivo, de la misma manera que nos atraviesa el lecho del Duero dejando en la tierra toda una gama de esencias que hacen de nuestro viñedo un tesoro que debemos mimar.

Dicho esto, y dejando claro mi indiscutible amor por el vino en general, y el de la Ribera de Duero en particular, me llama la atención las cifras sobre el consumo de vino que arrojan las estadísticas de “The wine institute” de California, por las cuales el Estado de la Ciudad del Vaticano consume más vino por habitante que ningún otro país del mundo, 74 litros por persona, el doble que Italia y Francia.

No creo que el volumen de misas acumuladas con sus correspondientes consagraciones sean el argumento que justifique ese nivel de consumo, dada la ausencia de población seglar entre los 840 habitantes del Vaticano que compran vino en un solo supermercado que apenas tiene impuestos asociados.
A lo mejor entre el gremio de los curas están a cascoporro de misas internas, pero no me pega nada, a no ser que esa sea la excusa para beber.

Otros argumentos que justifican esta nada desdeñable ingesta por parte del “National Catholic Reporter” son que los números pueden achacarse a que los habitantes de El Vaticano son mayores, no viven niños allí y la inmensa mayoría de los residentes son varones y tienden a comer todos juntos. En fin. No sabe uno qué pensar. Pero al menos eso de que “no hay niños por allí”, mejor lo dejamos que es un temita escabroso.

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