Roberto Herrscher

Sangre, sudor y lágrimas: las nuevas fragancias

Seguramente estas empresas pioneras tendrán éxito. Y yo propondría redoblar la apuesta: nuevos perfumes con olor a miedo, olor a engaño, olor a soberbia, olor a envidia, olor a desprecio, olor a insensibilidad. Los aromas de esta temporada.

Opinión

Sangre, sudor y lágrimas: las nuevas fragancias
Roberto Herrscher

Roberto Herrscher

Periodista, licenciado en sociología y profesor universitario. Master en Periodismo por la Universidad de Columbia y posgrado del Instituto para el Desarrollo de Periodismo Internacional de Berlín (IIJB), reside en Barcelona, donde dirige el Master de Periodismo BCNY.

Seguramente estas empresas pioneras tendrán éxito. Y yo propondría redoblar la apuesta: nuevos perfumes con olor a miedo, olor a engaño, olor a soberbia, olor a envidia, olor a desprecio, olor a insensibilidad. Los aromas de esta temporada.

Una delicia de artículo. Un asco de noticia. La periodista Claudia del Águila, de la sección Vanitatis del sitio “El Confidencial”,  revela una nueva moda: perfumes con olor a sangre humana, a muerto, a secreciones vaginales, a cerdo, a sudor, a queso azul.

Pienso: para la mayoría de estos olores, no hacía falta gastarse un platal en comprar el perfume. Bastaba con dejar de ducharse por unos días. Y al quitarse los zapatos… ¡ya está el aroma de queso azul!

Yendo al aroma del asunto, hay algo que me huele mal. Si tenemos que pagarle 115 € a Blood Concept para recuperar el olor y el gusto de la sangre de cuando nos lamíamos esa herida por caernos del árbol en la infancia; si tenemos que pagar 24,90 € por el frasco de 100 ml de Vulva Original (esto no hay que explicarlo, ¿no?); si nos cuesta 80 € hacernos con unos 50 ml de Secretions Magnifique , una delicada mezcla de sangre, saliva, sudor y esperma… es que nos hemos deshumanizado más de lo que yo creía.

Los perfumes y aguas de colonia nacieron para que dejáramos de oler como olemos. Para cambiar o cubrir nuestras secreciones naturales. Pero ahora, en una triste época en que los niños deben aprender en talleres especializados a jugar como niños, tenemos que comprar los olores que, supuestamente, ya no nos salen o a los que ya no podemos acceder por medios más naturales.

Es triste pero es así: seguramente estas empresas pioneras tendrán éxito. Y yo propondría redoblar la apuesta: nuevos perfumes con olor a miedo, olor a engaño, olor a soberbia, olor a envidia, olor a desprecio, olor a insensibilidad. Los aromas de esta temporada.

Hace años el gran dibujante argentino Joaquín Lavado, Quino, mostraba en una viñeta a un joven sin atributos que machacaba en un mortero un fajo de billetes, los mezclaba con alcoholes y aceites y se fabricaba un perfume. Olor a dinero. El joven salía a la calle y los hombres lo miraban con envidia y las chicas con arrebatada pasión.

¿A qué huele el fracaso de la civilización?   

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