Paco Gomez Nadal

Se rompió la frontera

Europa se atrinchera y parchea sus fronteras rotas. El discurso de los derechos humanos y la globalización hace agua

Opinión

Se rompió la frontera

Europa se atrinchera y parchea sus fronteras rotas. El discurso de los derechos humanos y la globalización hace agua

No creo que haya un momento en la historia en el que la hipocresía estuviera dotada de un aparato propagandístico tan poderoso. Las palabras van cargadas con pliegues tramposos donde se esconden sus dobles o triples significados. Globalización…o dícese del mercado global donde las personas no circulan y las ideas entran en cuarentena aduanera mientras capitales y delincuentes de cuello blanco las atraviesan sin dolor. Derechos humanos… o dícese del papelito que se conmemora y celebra por aquellos países autodenominados como «civilizados» que, al mismo tiempo, los violan sin límite ni contención. Ejércitos… o dícese de esos señores armados hasta los dientes cuyo objetivo es el ejercicio del monopolio estatal de la violencia que ahora aparecen travestidos de hermanitas de la caridad dispuestas a salvar a gatitos atrapados en la copa del árbol o a desgraciados africanos que flotan en el mar…

Si todo esto es así (o no), yo tendría que creerme que el refuerzo militar de Italia en el mar en el que los peces se alimentan con carne humana es para evitar muertes. Pero la realidad es más dura. Ni a Italia ni a Europa le interesa que los africanos pasen la frontera del confort. La Europa más «civilizada» (siempre al Norte) utiliza a la más arrastrada (siempre al Sur) para reforzar la frontera rota: satélites para medir el calor de los cuerpos antes de ser pasto abisal, militares para detener antes de deportar, verjas de la infamia que quieren disimular su carácter racista de muro de la vergüenza, leyes que nacionalizan cadáveres y expulsan a seres humanos…

Todo se solucionaría si ese «ejército» de pobres del Sur entendiera que estamos en crisis y que nuestras sobras no son suficientes para tapar la explotación económica que hacemos de sus países. Pero ya se sabe que esos africanos no entienden. También sería necesario que los de aquí, nosotros, cruzáramos la frontera de la hipocresía, nos miráramos al espejo, nos sonrojáramos y exigiéramos a nuestros gobiernos que actúen con humanidad… pero eso, eso no le conviene a nuestra comodidad. Mejor reparemos la frontera y gocemos de nuestro «desarrollo», que siglos de imperialismo y genocidio nos ha costado.

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