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Seguimos bloqueados

"Casado e Iglesias fueron los más hábiles en esta contienda aprovechando el despiste de Sánchez y los nervios de Rivera. Abascal, nuevo en estos lares, fue a la suya para mantener lo conseguido"

Foto: Juan Carlos Hidalgo | EFE

Pedro Sánchez ya no regala el centro a Albert Rivera. El candidato del PSOE a La Moncloa llegó con perfil presidencial al debate entre los cinco principales candidatos y salió vivo, sin dar solución al bloqueo, rechazando la mano de Pablo Iglesias y mordiendo la de su mentor José Luis Rodríguez Zapatero.

La política también gestiona emociones y, tras el debate, muchos ciudadanos conservan la cara de hartazgo y el mismo pensamiento: seguimos bloqueados. El líder del PSOE no ofreció nada a sus contrincantes, ni aclaró su política de pactos a partir del 11N. Tampoco renegó de los independentistas.

Sánchez se mantuvo leyendo, con la mirada esquiva y entrando de lleno en las provocaciones que sus oponentes le tendían sobre Cataluña. Pensó que preparando anuncios en cada bloque saldría airoso del exigente cuerpo a cuerpo, donde siempre necesita refuerzos. El candidato de Podemos acudió en su ayuda en varias ocasiones y todas ellas las rechazó.

Pablo Iglesias lo intentó de todas las maneras posibles. Aprovechó los huecos que Sánchez le dejó para ganar terreno y afianzar a sus votantes, que probablemente ya se habrán olvidado de Errejón. El líder de Podemos fue el único que hizo por diferenciarse de Cataluña y, con el tono moderado que le caracteriza desde los pasados comicios, se acordó de la ‘España vacía’ a la que luego se sumó Sánchez.

Pedimos ‘debate de altura’ pero el lapsus linguae de Iglesias tapó el adoquín de Albert Rivera. El ‘otro debate’ en las redes dejó memes para todos los gustos y el rey del ‘merchandising’ no podía ser otro que el candidato de Ciudadanos. Rivera vuelve a sus orígenes y se comprometió a desbloquear la situación pactando tanto con el PP como con el PSOE. Caer en la irrelevancia es lo que peor que te puede pasar en política y los naranjas disimulan el batacazo en las urnas usurpando la oposición.

Rivera entendió que para frenar la caída en las urnas tendría que ser ágil y jugar al ‘yo contra todos’. Pablo Casado le advirtió que se equivocaba de rival y ambos entraron en el lío de la corrupción. Pero poco duró, porque al instante se volcaron contra Sánchez. El candidato del PP sale reforzado de esta contienda a base de defender el legado de su partido. Casado dio a Sánchez donde más le puede doler en estos días -la economía- con una EPA reciente y los datos del paro a la vuelta de la esquina. El popular se mostró solvente centrándose en la gestión más que en la ideología. Así, arremetió contra Sánchez y evitó el cuerpo a cuerpo con Abascal.

El líder de Vox no se vio en otra mejor. Cada vez que hablaba era un minuto de oro, donde sus oponentes guardaban silencio -no sé si por incredulidad o con expectación ante lo que decía-. Pero lo cierto es que le dieron espacio suficiente para mantener a sus fieles y ganarse a nuevos seguidores. Abascal ganó confianza conforme avanzó el debate. Sus oponentes le regalaron los temas más espinosos como la inmigración irregular, Franco o ETA. Sólo Iglesias y Rivera decidieron plantarle cara.

En definitiva, Casado e Iglesias fueron los más hábiles en esta contienda aprovechando el despiste de Sánchez y los nervios de Rivera. Abascal, nuevo en estos lares, fue a la suya para mantener lo conseguido. Faltaron muchos temas y sobraron otros tantos. Como siempre, los asuntos internacionales terminan siendo el cajón de sastre y el no desvelar la política de pactos, viene siendo una más para que vayas a votar. Conclusión: seguimos bloqueados.

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