Raquel Sastre

Selección natural

Si retrocedo en el tiempo a la adolescencia de mi abuela y le digo que le sobran un par de kilos, me pega un bofetón que ni Pepe en sus mejores años con Mourinho. Con lo difícil que es vivir, como para buscarle más obstáculos nosotros mismos.

Opinión

Selección natural

Si retrocedo en el tiempo a la adolescencia de mi abuela y le digo que le sobran un par de kilos, me pega un bofetón que ni Pepe en sus mejores años con Mourinho. Con lo difícil que es vivir, como para buscarle más obstáculos nosotros mismos.

Si retrocedo en el tiempo a la adolescencia de mi abuela y le digo que le sobran un par de kilos, me pega un bofetón que ni Pepe en sus mejores años con Mourinho. Con lo que le habría costado ganar ese peso en plena posguerra, como para decirle yo que no le cabe una talla 38. Me cogía mi bisabuelo de la oreja y me ponía a trabajar en el campo para que se me quitasen las tonterías. Con lo difícil que es vivir, como para buscarle más obstáculos nosotros mismos.

Pero nos las buscamos. Desde que empezamos a tener nuestras necesidades básicas cubiertas (techo, alimento, salud), la sociedad ha decidido que eso no es suficiente para ser feliz, tenemos que buscarnos metas nuevas, y en vez de tirar por el altruismo, la educación o la cultura, decidimos hacerlo por la imagen, el éxito fácil, la popularidad… No se puede sacar nada de una juventud que bebe de Mujeres, hombres y viceversa. Si la selección natural de verdad fuese efectiva, acabaría con nosotros de una vez: ¿que estando sano te pones a dieta para estar más guapo? Muerte. ¿Que te deprimes porque tu blog no llega a las visitas que querías? Muerte. ¿Que te has intentado suicidar porque tu cantante favorito se retira? Paliza. Y luego muerte.

Entre los valores de mierda que le enseñamos a los jóvenes y el «hay que ser comprensivos, la adolescencia es una etapa difícil» estamos echando a perder la próxima generación. Cuando tenga hijos adolescentes, si se quejan de que no llevan ropa de marca, los mando con chandal de teflón años 80 al instituto. «Mamá, así me van a pegar el resto de niños», «mejor, así no tengo que hacerlo yo… una denuncia que me ahorro».

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