Laura Fàbregas

Sentido de Estado

El llamamiento por parte del Partido Popular y de Ciudadanos para intervenir de nuevo la autonomía catalana mediante el artículo 155 de la Constitución solo puede responder al tacticismo político: desmarcarse de Sánchez y frenar el ascenso de Vox.

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Sentido de Estado
Foto: Antonio García | EFE
Laura Fàbregas

Laura Fàbregas

Vivo entre Madrid y Barcelona. En tierra de nadie. Me interesan las causas incómodas. Pero lo importante no es lo que se dice sino lo que se hace.

El llamamiento por parte del Partido Popular y de Ciudadanos para intervenir de nuevo la autonomía catalana mediante el artículo 155 de la Constitución solo puede responder al tacticismo político: desmarcarse de Sánchez y frenar el ascenso de Vox. Pero esta demostración de firmeza hecha de cara a la galería puede convertirse en una más de las irresponsabilidades que se proclaman pensando en la competición electoral.

De las tres formaciones constitucionalistas cabría esperar, como mínimo, un poco más de sentido de Estado teniendo en cuenta que el desafío a la legalidad y la convivencia por parte del nacionalismo no tiene precedentes en nuestra democracia. Si Sánchez fue en su momento el primero en romper el bloque constitucionalista, ahora desde el centro y centroderecha invocan la intervención de la autonomía, sin que el Govern haya pasado de las palabras a los hechos. Es decir, sin que se haya vulnerado la legalidad de nuevo.

Es evidente que esto último no es un requisito indispensable para la intervención de la autonomía y que, en contra de lo que pueda parecer, aplicar el 155 es hacer política. Un tipo de política sin pasar por los tribunales y para implantar la legalidad y recuperar la gestión diaria de la Generalitat, con el fin de que la vida de los ciudadanos no se vea afectada.

Cuando se intervino la autonomía en octubre del año pasado nadie sabía cómo responderían los funcionarios. Si se producirían dimisiones en masa o ejercerían esa desobediencia civil que solo proclaman mientras no les afecte a los bolsillos. A la hora de la verdad se observó que la revolución de la sonrisas siempre fue la rebelión de los obedientes, ya fuera hacia al Gobierno nacionalista o hacia los burócratas temporales de Madrid.

La intervención funcionó pese a su tibieza y brevedad. Razón de más para no desvirtuar este artículo constitucional con su invocación gratuita o ante amenazas de baja intensidad que se pueden solventar con la acción de las fuerzas de seguridad. El constitucionalismo debe presumir de sentido de Estado y de racionalidad. Dejar las soflamas para el populismo, sea el de Vox o el de los nacionalistas.

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