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Simon lo ha vuelto a hacer

"The Wire es la gran obra maestra de la narración en pequeña pantalla. A mí me parece que no tiene rival posible"

Foto: HBO

A estas alturas de la serie podemos afirmar que The Wire es la gran obra maestra de la narración en pequeña pantalla. A mí me parece que no tiene rival posible. Otras ficciones televisivas levantan tanta o más pasión, sin embargo no alcanzan esa grandeza dada a los artefactos hechos para durar en el recuerdo cinéfilo. Tanto es así que no he vuelto a verla por miedo a que la memoria (siempre traicionera) me juegue una mala pasada.

Tras aquella maravilla leí los dos monumentales reportajes que David Simon escribió en sus años de periodista en Baltimore y que sirvieron tanto de germen de dos series correctas como del sustrato literario de The Wire. Me refiero, claro está, a Homicidio y La esquina, díptico esencial sobre la labor de la policía del departamento de homicidios y de las malas calles del tráfico de drogas y las ruinas de su adicción.

Otras cosas ha hecho desde entonces Simon. Ahí están Treme, Generation Kill y Show Me a Hero. Sólidos productos que, no obstante, se mantenían en un notable respetable. Pero con The Deuce lo ha vuelto a hacer. Custodiado por dos de los mejores novelistas noir yanquis (George Pelecanos y Richard Price), Simon ha construido la crónica de un microcosmos literario llamado Times Square cuando el puterío y el inicio del negocio del porno en los setenta y los ochenta. No hay morbo ni sensacionalismo. E importa menos la trama diluida que las historias hilvanadas de los personajes. Más allá de las putas de buen corazón, están las supervivientes a toda costa, los polis buenos y los corruptos, los simpáticos habitantes de la noche perenne que se van a dormir con el primer canto de los pájaros (cabrones), los proxenetas desagradables con diálogos hilarantes, los mafiosos, los drogatas, los tipos duros con nobleza, los homosexuales incapaces de resistirse al naufragio de un polígono en ruinas habitado por el deseo más perentorio. Se ha hablado del humanismo de Simon/Pelecanos. Tal vez. Ciertamente son liberales (socialdemócratas) que no juzgan pero toman partido. Dickens está presente aquí como en The Wire. Esta vez el de Historia de dos ciudades. En cualquier caso, están del lado de los que pierden en la partida de la vida porque tienen muy claro que las cartas están marcadas. Un hijo de obrero de Baltimore (Simon), un descendiente de griegos con un bar de barrio (Pelecanos) y un huido del Bronx (Price). A ver quién es el asshole capaz de llamarles gauche divine.

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