Gabriel González-Andrio

Sin dejar títere con cabeza

Lo del Estado Islámico empieza a dejar de ser una utopía, y quienes pensaban que era un grupo de iluminados que sería aplastado más pronto que tarde se han equivocado.

Opinión

Sin dejar títere con cabeza

Lo del Estado Islámico empieza a dejar de ser una utopía, y quienes pensaban que era un grupo de iluminados que sería aplastado más pronto que tarde se han equivocado.

Lo del Estado Islámico empieza a dejar de ser una utopía, y quienes pensaban que era un grupo de iluminados que sería aplastado más pronto que tarde se han equivocado. La mitad de Siria ya ondea la banera negra con la siglas en árabes en blanco. Para ser exactos, tras la toma de Palmira ya controlan 95.000 kilómetros cuadrados de ese país.

Esto no sólo supone una preocupación para el propio pueblo sirio, sino para países fronterizos como Líbano. La cosa no es para tomárselo a la ligera. Los fundamentalistas islámicos no van de farol y son cada día más los que se apuntan a su causa con tal de ganar unos dólares, disponer de mujeres a su antojo y comer caliente todos los días.

Hasta la fecha, uno de los grupos más castigados por los yihaidistas han sido los cristianos, cuya diáspora es ya incontable por la ONU. Estamos ante un genocidio en toda regla. Este término fue acuñado por el jurista judeo-polaco Raphael Lemkin, que en 1939 había huido de la persecución nazi y encontrado asilo en Estados Unidos. En su libro El poder del Eje en la Europa ocupada publicado en 1944 definió así el genocidio: La puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento.

Exactamente lo que están haciendo los del Estado Islámico.

Es aquello de quien no está conmigo está contra mí. El razonamiento es sencillo: si no vives, actúas o piensas como yo tienes las horas contadas. Y así, machete en mano, este grupo radical no va dejando títere con cabeza (en sentido literal).

No sé qué planes tiene la comunidad internacional, ni si Obama pretende dar un paso al frente. Lo que parece evidente es que la estrategia del bombardeo a distancia no ha surtido efecto.

Obvio.

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