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Sin luz ni taquígrafos

"En el equipo negociador del PSOE se muestran más pragmáticos asumiendo que estas primeras reuniones sirven para conocer unas propuestas de máximos”

Foto: EFE

Lejos queda ya esa rueda de prensa en 2016 donde Pedro Sánchez aseguró a los periodistas que las negociaciones con Podemos se harían “con luz y taquígrafos”, “en público” y hasta “en streaming”. Ahora pide “confianza” a su Ejecutiva para hacer las “gestiones necesarias” para formar Gobierno. Más allá del entorno más cercano, nadie sabe nada ni hasta dónde está dispuesto a llegar Sánchez en sus conversaciones con las formaciones independentistas.

Puigdemont y Junqueras han hecho que las medidas económicas que defiende Pablo Iglesias sean el mal menor para España. Más de un barón socialista no oculta sus nervios y asegura llevar estas negociaciones con “resignación”. Sin embargo, nadie más que el tiempo hará frente a Sánchez en esta batalla. El partido ha cambiado. Los dirigentes territoriales ya no tienen el peso que tenían. Y los históricos recuerdan que, más allá del hiperliderazgo, el partido tiene que salir a flote después de ésta. Diálogo sí, pero dentro de la Constitución. En esta premisa están todos de acuerdo.

La preocupación de algunos socialistas reside en que Sánchez asuma cuestiones que trascienden, incluso, a un jefe de Gobierno. “No puedes pedir a otro algo que no puede darte”, critican. La política identitaria se impone al consenso. Algunos representantes piensan que pactar es ceder y eso les debilita. Pero nada más lejos. Ya sabemos a lo que conduce la pureza ideológica. Y el consenso viene, precisamente, de la exigencia social. En este caso, del resultado de las partes y no de una sola.

En el equipo negociador del PSOE se muestran más pragmáticos asumiendo que estas primeras reuniones sirven para conocer unas propuestas “de máximos” que, conforme avancen los encuentros, se irán modificando para buscar un acuerdo común. En este núcleo cercano a Sánchez ven factible sacar adelante la investidura, la dificultad reside en la gobernabilidad. Y en ello siguen.

En Moncloa están dispuestos a esperar hasta enero para investir a Sánchez. Quieren seguir con su apuesta inicial -negociar con el independentismo-, pese a tener un ‘plan B’ en mente que pasaría por mirar a la derecha. Hasta el momento, los socialistas sólo piden la abstención gratuita a PP y a Cs. “Y así seguirá mientras fluya el diálogo con Unidas Podemos y ERC”, apunta alguien cercano al líder del PSOE.

Las negociaciones avanzan, sin luces ni taquígrafos, con gestos y también desplantes como desobedecer al Constitucional votando la autodeterminación en el Parlament o llamar “derrotado” a Sánchez. Buscan ofrecer la imagen de un PSOE en manos de ERC. Algo que ha causado malestar en las filas socialistas.

Entre los gestos estaría la partida a tres bandas para atar la investidura y sacar adelante los Presupuestos de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona. Fuentes conocedoras señalan que “los fracasos de antes han servido para ver la necesidad de llegar a acuerdos ahora”. ERC ya ha dado luz verde a las cuentas de Colau y este mismo lunes, el Govern de Torra ha hecho lo propio para desbloquear el acuerdo.

El resultado de unas negociaciones sin luces ni taquígrafos donde, a veces, una imagen vale más que mil palabras.

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