THE OBJECTIVE
Irene Cacabelos

Soberanamente

Hay quien piensa que estamos ante una segunda Transición y quizás no vayan muy desencaminados. Hace 40 años los españoles se jugaban la Democracia. Hoy algunos quieren que decidamos entre Monarquía o República. Un debate que me da bastante pereza, por no decir que después de una semana empieza a aburrirme soberanamente.

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Soberanamente

Hay quien piensa que estamos ante una segunda Transición y quizás no vayan muy desencaminados. Hace 40 años los españoles se jugaban la Democracia. Hoy algunos quieren que decidamos entre Monarquía o República. Un debate que me da bastante pereza, por no decir que después de una semana empieza a aburrirme soberanamente.

En un reino muy muy cercano, vivía una Familia Real…

Sería el arranque perfecto para un cuento con final feliz, pero España hace tiempo que dejó de ser un lugar de fábula para convertirse en un reallity show. La crisis había hecho estallar la burbuja de sus súbditos, la corrupción hizo lo propio con el oasis de los políticos y los escándalos se apoderaron de la otrora inexpugnable isla de la Zarzuela.

El cóctel había explotado y a esas alturas era necesario un golpe de efecto. Fue el Rey D. Juan Carlos el encargado de apuntalar la Transición y será su heredero el responsable de mantener unas estructuras que empiezan a agrietarse.

La capacidad para «medir los tiempos» es vital en política y también, por qué no, en la monarquía. La Historia nos dirá si el momento elegido para la abdicación es el acertado pero, a juzgar por el resultado, parece que no ha sido del todo erróneo.

Son días entretenidos para este oficio del periodismo, en los que muchos se han retratado involuntariamente. Los mismos que hace un mes defendían a capa y espada que un rey no debe abdicar jamás,  han sido los primeros en alabar la decisión del Monarca. Pero pasado el impacto del anuncio sorpresa se han abierto infinidad de debates. La mayoría acabarán en un cajón el próximo 19 de Junio y el resto, en manos de Felipe VI.

Hay quien piensa que estamos ante una segunda Transición y quizás no vayan muy desencaminados. Hace 40 años los españoles se jugaban la Democracia. Hoy algunos quieren que decidamos entre Monarquía o República. Un debate que me da bastante pereza, por no decir que después de una semana empieza a aburrirme soberanamente.

El asunto (lo dicen las encuestas) no quita el sueño a nadie. Será porque la mayoría está ocupada pensando en como llegar a fin de mes.

¿Es la Monarquía el principal problema de España? No lo creo.

¿Es necesaria una reforma Constitucional con la que todos nos sintamos identificados? Probablemente.

Desde luego no me gustaría estar en el pellejo de Felipe VI. Le esperan meses agitados con una consulta soberanista a la vuelta de la esquina, un bipartidismo que se desmorona, una recuperación económica que no acaba de llegar y una desconfianza en las instituciones sin precedentes.

Es su momento, y sólo el papel que decida jugar en esta partida determinará su futuro. Nadie dijo que la vida fuera fácil, ni siquiera para un Príncipe, o como diría Joaquín Sabina: «Lo que pesa la Corona esa».

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