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Sobre causas y efectos

"Ya lo sabíamos, ahora vamos aprendiéndolo: el pasado nos ayuda a entender el presente, pero no a proyectar el futuro"

Foto: Oscar del Pozo | AFP

La semana pasada, durante la madrugada electoral, recordé una frase que leí una vez: “El presente sólo se forma del pasado, y lo que se encuentra en el efecto estaba ya en la causa”.

Pues parece que así es. Las elecciones europeas de hace cinco años produjeron en España un profundo cambio de paradigma en el sistema de partidos y las elecciones europeas de hace cinco días han terminado por coagular esa metamorfosis electoral.

Si realizamos un ejercicio de memoria comparada del entonces con el ahora, vemos que ciertos ecos aún resuenan.

Aquellos resultados de mayo de 2014 se produjeron por tres causas que, combinadas entre sí, resultaron un cóctel explosivo cuyos efectos aún notamos: la desesperanza económica, el hartazgo político y la sequía electoral.

La desesperanza provocada por la crisis económica fue el ingrediente que operó con mayor intensidad cuando se celebraron las europeas de 2014. España estaba terminando una larga travesía en el desierto. Había sufrido 68 meses de destrucción anual de empleo.

Ahora cinco años después llevamos 64 meses generando empleo interanual. Es decir, cada vez estamos mejor que el año anterior. Pero a pesar de este dato positivo, los españoles se muestran escépticos sobre la marcha de la economía, aunque con menor intensidad. Motivos hay.

La irritación política de entonces provocó un hartazgo y desafección sin precedentes. El causante principal fueron los casos de corrupción que afectaron a prácticamente todos los estamentos de la vida pública. Esos casos sumados a la falta de soluciones por parte de la política provocaron una cólera epitelial colectiva.

Ahora quedan lejos los tiempos de la ira y la justicia depura responsabilidades. Pero el cabreo ha permanecido. La crisis territorial más grave de la democracia ha sido el principal combustible de este nuevo desencanto. Por este motivo, entre otros, los españoles siguen señalando que los políticos ocupan un lugar destacado en el paisaje de los problemas del país.

Y, por último, la sequía electoral. Desde el estallido del 15M y la posterior culminación del vuelco en las generales de noviembre de 2011, apenas hubo elecciones en España hasta esas europeas de 2014. Antes de la ruptura del sistema de partidos, estuvimos 19 meses sin que ninguna urna nos diera ninguna pista de por dónde saldría esa mezcla de desesperanza e irritación de la sociedad.

Una vez concluido este último atracón en las urnas, casi un reseteo constituyente de todas nuestras instituciones, tenemos por delante un largo trayecto hasta el próximo escrutinio, que solo se verá interrumpido por las metas volantes de las catalanas, las gallegas y las vascas.

Los efectos de aquellas europeas de 2014 son causa de la nueva situación política. Por eso es bueno recordarlo. Y aunque algunas situaciones pueden sonar parecidas, entramos ahora en un nuevo ciclo electoral completamente diferente. Ya lo sabíamos, ahora vamos aprendiéndolo: el pasado nos ayuda a entender el presente, pero no a proyectar el futuro.

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