Felipe Santos

Suecia y el servicio militar: momentánea paz

Que la pacifista Suecia haya decidido reactivar el servicio militar es buena muestra, quizá una más, de que los viejos fantasmas se desperezan.

Opinión

Suecia y el servicio militar: momentánea paz
Felipe Santos

Felipe Santos

Escribidor diletante. Soñador consciente. Todo está en todo

Que la pacifista Suecia haya decidido reactivar el servicio militar es buena muestra, quizá una más, de que los viejos fantasmas se desperezan. La paz perpetua de Kant es más que nunca un oxímoron que invita a pensar en el momento en que todo esto empezó a torcerse. «Los Ejércitos permanentes –lat. miles perpetuus– deberán desaparecer por completo con el tiempo” escribió en sus artículos preliminares el filósofo alemán, animado por la Declaración de Independencia de los Estados Unidos y la Revolución Francesa, y tratando de convertir en práctico el camino ético de Rousseau. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y aún más desde la caída del Muro, la unidad europea fue ese proyecto que permitía tocar con los dedos ese cielo indefinido y distante, el de una federación de estados libres que compartiera una ley de naciones, ayuna de guerras a las que verse abocada para dirimir las diferencias.

 

“El cielo y el infierno/están aquí y ahora./Tan sólo hay que aprender a distinguirlos”. Releo estos versos de Raquel Lanseros de su antología “Momentánea eternidad” y me pregunto si estaremos preparados para diferenciarlos ahora, cuando el horizonte amenaza con ennegrecer aún más sus límites. Hace algún tiempo que el Muro dejó de ser el único que conocíamos, el de Berlín. Las sociedades libres se enorgullecieron de ver cómo se agrietaba. No nos ha llevado más de una generación olvidarnos de todo aquello. La pregunta que cabe hacerse es si desapareció de verdad y la paz que alumbraba, con una Europa por fin unida, no era más que un ideal momentáneo. Otros muros amenazan con revivir viejas cuitas, siempre tan banales cuando aparecen, casi siempre en boca de los mismos locos improbables. Hasta que nos demos cuenta de que la espiral ruidosa que los acompaña termine por confundir las voces silenciosas del sentido común. Entonces, ya todo será posible.

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