Aloma Rodríguez

Superpoderes

«La abuela bis es superfuerte y puede lanzar cosas desde muy alto, desde el balcón al suelo, ¿a que sí, mamá?, dijo. Mi hijo no sabe lo que es la fuerza de la gravedad, cada martes y jueves, espera la demostración del superpoder de mi abuela»

Opinión

Superpoderes
Foto: Paolo Bendandi| Unsplash
Aloma Rodríguez

Aloma Rodríguez

Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado "París tres", "Jóvenes y guapos", "Solo si te mueves" y "Los idiotas prefieren la montaña", todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Mi abuela materna, la única que me queda ya, vive en casa de mi tía. La casa de mi tía está muy cerca de la piscina municipal a la que llevo a mi hijo mediano a nadar. Así que, hasta hace un par de semanas, cada martes y jueves, después de dejar al niño en la piscina –siempre con el tiempo un poco justo, siempre poniéndole el gorro rápido– voy hasta la casa de mi tía y me quedo veinte minutos con mi abuela. Ella me pregunta por los niños, lo hace varias veces porque no se acuerda de que me lo acaba de preguntar.

Me siento a su lado y aunque llevo un libro no lo abro. Ella siempre está viendo Amar es para siempre, que para ella no es ni siquiera Amar en tiempos revueltos, es la novela. No me quito la mascarilla. Así, ¿y las chicas? ¿Con su padre?, me dice otra vez. Con su padre, sí, le digo. Mira, qué estresados los gatos, me dice ella, y señala a los dos gatos de mi tía, sentados ocupando una mecedora. El tiempo pasa enseguida y tengo que ir a por el niño. El primer día, mi abuela estaba sola en la casa de mi tía. Le dije que al pasar le tocábamos el timbre para que se asomara al balcón. Pero pensé que se le iba a olvidar, que llamaría al timbre y tendría que recordarle que acababa de estar, que recogía al niño, etc. La vimos asomada al balcón antes de llegar al portal: ahí estaba, esperando a que pasáramos por debajo para saludar. Llevaba galletas en las manos y una bolsa de magdalenas de chocolate que dejó caer y yo recogí con bastante torpeza, la verdad. Entonces, mi hijo la miró sorprendido y me dijo, por si acaso no me había dado cuenta, que la abuela bis acababa de lanzar cosas desde el balcón.

Cuando llegamos a casa seguía impresionado: se lo contó a su hermana mayor. La abuela bis es superfuerte y puede lanzar cosas desde muy alto, desde el balcón al suelo, ¿a que sí, mamá?, dijo. Mi hijo no sabe lo que es la fuerza de la gravedad, cada martes y jueves, espera la demostración del superpoder de mi abuela, que tiene lugar después de la clase de natación.

Ahora las clases están suspendidas y ya no pasamos por debajo del balcón. Pero mi hijo sigue creyendo que mi abuela es capaz de lanzar cosas desde muy lejos. Y me gustaría que me contagiara algo de esa manera de mirar al mundo, entre la perplejidad y la inocencia.

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