Enrique García-Máiquez

Susana, mártir

Durante mucho tiempo he abrigado la duda de si algunos piensan en serio —como dicen en público— que Susana Díaz será una líder ganadora. Incluso ella, ¿se cree eso? Lo tiene crudo, a poco que se analice, porque habría de pagar el impuesto de sucesiones de su gestión en Andalucía, que no es rutilante y que le echarían en cara en cuanto empezara la campaña nacional. Luego está el nivel: quizá ustedes no la viesen debatir con Juanma Moreno, un recién llegado, y perder los nervios y los debates. Por dentro, tiene bastante achicharrados a los partidarios de Pedro Sánchez, que la culpan de la maniobrera defenestración del líder, y que se resistirán a votarla. Y por delante, su política de pactos, cerrada en banda a Podemos, la dejaría con poco margen de negociación.

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Susana, mártir
Foto: Marcelo del Pozo| Reuters
Enrique García-Máiquez

Enrique García-Máiquez

Profesor, poeta, columnista, crítico, traductor, provinciano, aforista, diarista. Todo junto y demasiado revuelto.

Durante mucho tiempo he abrigado la duda de si algunos piensan en serio —como dicen en público— que Susana Díaz será una líder ganadora. Incluso ella, ¿se cree eso? Lo tiene crudo, a poco que se analice, porque habría de pagar el impuesto de sucesiones de su gestión en Andalucía, que no es rutilante y que le echarían en cara en cuanto empezara la campaña nacional. Luego está el nivel: quizá ustedes no la viesen debatir con Juanma Moreno, un recién llegado, y perder los nervios y los debates. Por dentro, tiene bastante achicharrados a los partidarios de Pedro Sánchez, que la culpan de la maniobrera defenestración del líder, y que se resistirán a votarla. Y por delante, su política de pactos, cerrada en banda a Podemos, la dejaría con poco margen de negociación.
 
Cabe, por fortuna, una lectura martiriológica, que no desdeña los hechos ni subestima la inteligencia de los socialistas. Éstos serían conscientes de que Susana no va a ganar unas elecciones generales jamás; pero también de que es la mejor opción para asegurar un PSOE que apoye el régimen constitucional con escaños suficientes en estos momentos de máxima tensión territorial, cuya gravedad nos ocultan, pero no se nos oculta. Se trataría de cruzar la zona de tormentas, y luego ya veríamos. Para eso, Susana, sin resquicios en su discurso nacional y capaz de sostener al menos el suelo del partido, no tiene rival. Si ella, además, asumiese que ése es su papel, sería admirable. Y más comprensibles entonces tantos titubeos y retrasos en abandonar el confortable feudo andaluz y lanzarse a la carrera por la secretaría general. Al martirio, como supo Tomás Moro, no se acude dando saltos de alegría.
 
Por supuesto, por mucho que mi hipótesis fuese cierta, no se reconocería jamás. Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, podríamos decir, ya instalados en el ambiente sacrificial. El PSOE necesita vender la esperanza de una victoria socialista para aguantar en escaños y para sostener después al PP desde cierta solvencia. En sus primarias, de ser como sospecho, se enfrentan un suicida, Pedro, un zombie, Patxi, y una mártir, Susana. Ni qué decir tiene con quién voy yo.

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