THE OBJECTIVE
Teresa Viejo

Tengo hambre

“¿Qué hacemos con esto?”. A la basura sin contemplaciones, porque quien se va a meter en el cuerpo un arroz recalentado cuando hay gazpacho en la nevera y una ración de gambas recién pescadas en el chiringuito. “¿A ti no te sabe rancio este queso?”, preguntas al día siguiente zascandileando entre los envoltorios del embutido. “Tíralo”, sugiere tu mujer, y al cubo que va.

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“¿Qué hacemos con esto?”. A la basura sin contemplaciones, porque quien se va a meter en el cuerpo un arroz recalentado cuando hay gazpacho en la nevera y una ración de gambas recién pescadas en el chiringuito. “¿A ti no te sabe rancio este queso?”, preguntas al día siguiente zascandileando entre los envoltorios del embutido. “Tíralo”, sugiere tu mujer, y al cubo que va.

Desayuno de verano y la mesa repleta de bollería, panecillos, mantequilla, fruta que rebosa del frutero. Pruebas la magdalena. La mojas en el café y la dejas. La resaca de la noche anterior te ha dejado la lengua pastosa pero qué demonios, estás de vacaciones y las disfrutas mirando al mar con un gin tonic en la mano. O tres.

“¿Entonces vas a preparar paella?”, comenta tu mujer, y a ti el estómago se te encoge porque dentro no cabe más. Tú asientes y cocinas un arroz con el que darías de comer a un regimiento del que queda en la fuente más de la mitad. “¿Qué hacemos con esto?”. A la basura sin contemplaciones, porque quien se va a meter en el cuerpo un arroz recalentado cuando hay gazpacho en la nevera y una ración de gambas recién pescadas en el chiringuito. “¿A ti no te sabe rancio este queso?”, preguntas al día siguiente zascandileando entre los envoltorios del embutido. “Tíralo”, sugiere tu mujer, y al cubo que va.

“¿Por qué habéis traído nada?”, exclamas cuando la pareja de amigos que llegan a cenar cruzan el umbral del apartamento con dos tortillas como dos lunas. Las tortillas se quedan en la encimera durante la madrugada y al día siguiente están más secas que la mojama. ¿Mojama?. “¿Y si hoy almorzamos fuera? Pescaíto frito, huevas aliñadas… los niños están en la playa y así aprovechamos. Después venimos al apartamento y me encargo del postre, ¿qué dices?”, propones a tu mujer mientras se te va la mano a su trasero. “Había preparado una ensalada de pasta”, replica ella. “Métela en la nevera”. “Se va a agriar”. “Pues la tiras –resuelves-. Ya ves tú, por una birria de espaguetis con atún y huevo. Vámonos, que tengo hambre”.
¿Hambre? Qué sabrás tú lo que es el hambre.

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