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Terapia en tiempos de confinamiento

"Harían bien las parejas en ver State of the Union durante el confinamiento. Quizás no sirva para remediar lo inevitable, pero seguro que les vale para tomarse con humor las relaciones humanas y sus ridículas miserias"

Foto: Amazon | Web

Entre las muchas pruebas que impone la pandemia no parece la menor el mantenimiento del equilibrio en matrimonios que, tras años de aireada convivencia, de pronto se han visto obligados al roce sin pausa durante las veinticuatro horas del día en pisos que en muchos casos no superan los sesenta metros cuadrados. Para remediar este tipo de situaciones peligrosas se inventaron pasatiempos tales como el fútbol, los  bares o los encuentros entre amigas, pero de momento y hasta nueva orden, las sufridas parejas tendrán que conformarse, en caso de que no hubieran tenido la feliz idea de adoptar un perro, con furtivas escapadas al supermercado o la farmacia, ya que soltar aquello de “salgo a por tabaco” sabiendo que uno está condenado a volver en diez minutos y con el rabo entre las piernas, no queda muy elegante que digamos. 

 Veremos cuando nos suelten cómo evolucionan las estadísticas de las separaciones y divorcios, pero mientras tanto pueden optar por tomarse con humor la tragedia de una confinamiento forzado con su media naranja disfrutando de una serie divertidísima que ofrece la plataforma HBO. Estoy hablando de State of the Union, dirigida por Stephen Frears y guionizada por el novelista Nick Hornby. Cada uno de los diez capítulos tiene una duración de diez minutos, que corresponde al tiempo real que Louise y Tom, un matrimonio de cuarentones en crisis, pasan en un pub, justo antes de asistir a su sesión semanal de terapia de pareja.  

Como en Alta Fidelidad, el nuevo personaje de Hornby también es un apasionado de la música -en este caso, un críticos musical que recientemente se ha quedado sin trabajo-, no se lleva bien con la madurez y le quedan más neuras que neuronas. En cambio su mujer piensa que los cuarenta son los treinta con pilates, tiene una buena carrera profesional y pide menos cháchara existencialista y un poco más de cariño (o sea sexo). De hecho, una aventurilla extramatrimonial de ella es la que provoca las visitas a la terapeuta. 

Los diálogos son ágiles, inteligentes, cáusticos, y los actores están estupendos. Se nota que a Chris O’Down poco le cuesta interpretar a este perdedor astroso y gruñón, desmañado y bocachancla, que sin embargo se gana las simpatías tanto del espectador como de su mujer, espléndida y atractiva Rosamund Pike, quien a pesar de los pesares sigue bebiendo los vientos por el gañán melómano. 

Harían bien las parejas en ver State of the Union durante el confinamiento. Quizás no sirva para remediar lo inevitable, pero seguro que les vale para tomarse con humor las relaciones humanas y sus ridículas miserias. 

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