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The Partisan

Se ha dicho alguna vez que si alguien controlase las canciones de un pueblo, no necesitaría leyes. Yo añadiría que un pueblo que no tiene sus canciones en sintonía con sus leyes, carece de leyes. No quiero decir, claro está, que carezca de códigos legales, sino que cuando las leyes no viven en la conducta espontánea de los ciudadanos, sólo son prosa jurídica.

El derecho es letra muerta si la voz de un poeta no refuerza el sentido de lo recto. El poeta siempre ha sido el término medio entre el legislador y el pueblo, para bien o para mal.

Escribo estas palabras en la ciudad de México, un país que resume su historia en sus corridos, tras enterarme de la muerte de Leonard Cohen, mientras dejo brotar la memoria:

Oh, the wind, the wind is blowing,

through the graves the wind is blowing…

Yo entonces tenía 19 años y creía que el futuro se escribía como escriben los niños las cartas a los Reyes Magos, con más ingenuidad que inteligencia, por eso no estaba a salvo del influjo de los buitres.

Los conocía porque eran estudiantes universitarios como yo que los viernes por la noche iban a aquella discoteca porque era inimaginable ir a cualquier otro lugar de Pamplona. Pero ellos no bailaban y cuando se atenuaban las luces se repartían por la sala poco antes de que las primeras notas de The Partisan nos despertaran una extraña melancolía. Se nos acercaba con una sonrisa generosa y nos explicaban qué era un partisano y cómo aún era posible revivir en las montañas del Pirineo su heroísmo:

An old woman gave us shelter,

kept us hidden in the garret,

then the soldiers came;

she died without a whisper.

 

There were three of us this morning

I’m the only one this evening

but I must go on;

the frontiers are my prison.

Yo, he de confesarlo, a quien no entendía muy bien era a Cohen. En primer lugar, porque tal como cantaba el verso francés “j’ai repris mon arme”, yo entendía “j’ai repris mon âme” y este alma me dejaba desarmado. En segundo lugar, porque los veranos iba a trabajar a Andorra, de camarero de día y de “disc-jockey” de noche. Allí conocí la maravillosa canción original, La Complainte du partisan, de 1943. La música es de Anna Marly y la letra,  de  Emmanuel d’Astier de la Vigerie. No tardé en darme cuenta de que Cohen había alterado profundamente el sentido de la estrofa que más me gustaba. Esta son las palabras de su The Partisan:

Oh, the wind, the wind is blowing,

through the graves the wind is blowing,

freedom soon will come;

then we’ll come from the shadow

Y estas otras son las originales:

Le vent passe sur les tombes
La liberté reviendra
On nous oubliera
Nous rentrerons dans l’ombre

Me quedé con el alma en su regreso órfico a las sombras. Y fue esta oscuridad lo que me sirvió para espantar a los buitres.

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