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‘The Tariff Man’ ataca de nuevo

"Trump se considere inmune a las consecuencias que una guerra comercial puede tener sobre la economía nacional"

Foto: AP |

Es a la economía mundial, lo que el Hombre del Saco para los niños que se resisten a dormir. Pero The Tariff Man o el Hombre de los Aranceles no es una leyenda. Es Donald Trump, como él mismo en su cuenta de Twitter se hace llamar. El presidente ha decidido ir un paso más allá en su beligerante política comercial al optar por usar los aranceles para forzar a México a atajar la inmigración ilegal en la frontera que comparten. ¿Mezclar la seguridad de las fronteras con los impuestos a la importación haciendo un uso excepcional de su poder presidencial? ¿Por qué no? Con Trump, anything is posible.

No satisfecho con la guerra declarada a China hace dos semanas, el presidente estadounidense ha anunciado que subirá un 5% los aranceles a todos los productos importados de México a partir del 10 de junio. Y otro 5% adicional cada mes hasta llegar al 25% , a menos que el país vecino controle la inmigración ilegal en la frontera. China y México son los dos principales socios comerciales de EEUU con los que este último tiene un elevado déficit comercial. La reacción no se ha hecho esperar: batacazo en las principales bolsas mundiales y huida del dinero hacia valores más seguros. Y de nuevo se extiende el miedo. Miedo a que la renovada agresividad comercial de Trump, tal y como ha advertido esta semana el Fondo Monetario Internacional, convierta en recesión la presente debilidad económica que los bancos centrales de EEUU y Europa habían conseguido hasta ahora suavizar aplazando la subida de los tipos de interés.

El anuncio ha coincidido con la votación en el Congreso del nuevo Acuerdo Comercial con Canadá y México, que ahora inevitablemente queda en el aire. La sensación es que Trump puede básicamente hacer lo que le venga en gana mientras mantenga las bases de sus votantes estables y le apoyen los medios afines de derecha. Sólo los tribunales o Wall Street podrían pararle los pies. ¿O tampoco? La bolsa estadounidense ha caído un 6% desde que se rompieron las negociaciones con China a principios de mayo y un 2% más tras conocerse las medidas contra México. Por el momento la indicación de que la Reserva Federal pueda bajar los tipos de interés ha logrado frenar la sangría. Pero, ¿hasta cuándo? Hay mucho en juego. Sectores estratégicos para la economía estadounidense como la automoción, que fabrica e importa sus componentes de México, o las empresas tecnológicas como Apple, que montan en China algunos de sus dispositivos, ya están sufriendo en sus cotizaciones las consecuencias de esta nueva escalada en la guerra comercial declarada por Trump.

Porque en la economía globalizada y abierta de hoy el uso de aranceles es una medida abocada a volverse en contra del país que la aplica. Quizás animado por el fuerte crecimiento del PIB estadounidense en el primer trimestre de este año (un 3,1%), propulsado por una rebaja de impuestos de efecto puntual, Trump se considere inmune a las consecuencias que una guerra comercial puede tener sobre la economía nacionalTariff Man ha optado por ignorar los indicadores que apuntan a que en el segundo trimestre la economía estadounidense sufrirá un importante parón en su actividad (las estimaciones apuntan a un crecimiento del 1,3%) y ninguneado de paso la opinión de los principales consejeros económicos de su Administración. Ya sea el Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin o el responsable de Comercio, Robert Lighthizer, que han expresado su oposición a esta nueva escalada en la guerra comercial de EEUU contra sus socios comerciales, especialmente contra su vecino del sur. La oposición entre sus asesores es tan fuerte que hasta el presidente del Consejo de Asesores Económicos, Kevin Hassett, defensor del libre comercio y aún así fiel servidor hasta ahora de Trump, se ha visto forzado a presentar su dimisión.

Las fuertes caídas en Bolsa de General Motors y Ford nada más conocerse las medidas contra México evidencian el daño potencial que estas pueden tener en la economía estadounidense. Lo mismo ocurre con la depreciación de las acciones de Apple desde que se rompieron de forma brusca las negociaciones con Pekín hace dos semanas y se abrió la batalla por la hegemonía tecnológica mundial con las sanciones al gigante tecnológico chino Huawei. El temor a que Pekín tome represalias ha sacudido a los gigantes tecnológicos estadounidenses, cuya producción está en gran parte externalizada en el gigante asiático. La preocupación es tan grande que la Cámara de Comercio de EEUU, que representa a las 500 compañías más grandes del país (las Fortune 500) no descarta tomar acciones legales contra la Administración del Gobierno para evitar un daño irreparable a los intereses de dichas empresas.

Trump no podrá construir en esta legislatura el prometido muro con México, pero el presidente estadounidense parece decidido a elevar uno virtual hecho a base de aranceles. Por el momento las previsiones de crecimiento en China han bajado a un 6% debido al enfrentamiento comercial con EEUU. Una tasa envidiable para muchas economías desarrolladas, pero que en el caso del gigante asiático representa la más baja de las tres últimas décadas. Las consecuencias de las sanciones a México pueden ser aún más dolorosas. Exporta a EEUU  bienes por valor de 350.000 millones de dólares (el 80% del total de sus exportaciones). Su bienestar económico depende absolutamente de mantener una buena relación comercial con su socio norteamericano.

Y los siguientes pueden ser Japón o Europa y su industria de automoción. Nadie está a salvo. ¿Será que la nueva guerra fría se libra en esta clave?

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