Pilar Marcos

Tiempos interesantes

«Quizá es que 2020 aún no haya terminado del todo, o quizá es que hemos sido agraciados con esa célebre maldición china: "Ojalá vivas tiempos interesantes"»

Opinión

Tiempos interesantes
Foto: J.J. Guillén| EFE
Pilar Marcos

Pilar Marcos

No imagino una vida sin devorar noticias de última hora, análisis mejores y peores… Y menos una en la que la política no marque el pulso diario.

Enhorabuena. 2021 avanza a buen ritmo. Tres enormes crisis en solo nueve días: empeoramiento del Covid, asalto al Capitolio y nevada del siglo. Éste iba a ser el año para la mágica solución de todos los males del 2020: vacuna para acabar con la pandemia; fondos europeos para recuperar la economía, e insuperables Gobiernos de progreso para conjurar todos los males, cambio climático incluido. Quizá es que 2020 aún no haya terminado del todo, o quizá es que hemos sido agraciados con esa célebre maldición china: «Ojalá vivas tiempos interesantes». Todo es muy chino, últimamente, menos el virus. Ése no es nada chino, aunque tiene una mutación británica que lo hace especialmente contagioso.

Pues ya que hemos sido agraciados con tiempos interesantes, dediquémosle medio minuto a mirar de frente al que no quiere dejar de acompañarnos: el Covid.

Si hay alguna característica bien conocida en los virus es su capacidad de mutar. Es su forma de supervivencia una vez que sus sufridas víctimas intentan acabar con ellos inmunizándose. El virus de la gripe tiene bien acreditada esa habilidad y, año a año, experimentamos cuán eficaz es la vacuna ante la nueva cepa.

Y si hay algo que nos ha enseñado la enfermedad del Covid es que su enorme potencial para hacernos daño obedece, principalmente, a lo muy contagioso que es. Por eso, cualquier mutación que eleve esa velocidad de contagio será mucho más letal debido a la lógica de los grandes números. De ahí la alerta por la mutación británica que ha retrotraído a Reino Unido a los meses del confinamiento atroz, sin que parezca importar nada que los británicos vayan por delante de cualquier otro país europeo en su campaña de vacunación. Tienen motivo para la preocupación: han superado los mil muertos diarios y ese triste récord amenaza con seguir creciendo… podría llegar a multiplicarse por dos. Además, y esto es incluso más alarmante, sus hospitales en las grandes ciudades (singularmente en Londres) se acercan al riesgo de colapso.

Porque si hay una sola cosa que quedó meridianamente clara de la crisis del Covid durante la primavera de 2020 es que -aunque lo más doloroso son los fallecidos- lo más alarmante es el riesgo de colapso de los sistemas sanitarios por un desbordamiento de los ingresos hospitalarios y de la utilización de las camas de cuidados intensivos. Esa alerta tiene una traducción muy concreta: este lunes, la Comunidad Valenciana anunció que en sus hospitales se pospone todo lo que no sean intervenciones por urgencias, o para atender la enfermedad del Covid. Otro daño colateral de la pandemia es así la postergación de la atención hospitalaria de las demás dolencias, y eso también acaba causando víctimas mortales.

Para limitar esos desbordamientos hospitalarios parece que los chinos (otra vez los chinos) levantaron en tiempo récord infraestructuras hospitalarias especiales para atender a enfermos de Covid. Se dieron en llamar Arcas de Noé y fueron muy aplaudidas cuando las hicieron los chinos. Y muy vilipendiadas cuando, aquí en Madrid, se copiaron de urgencia, y también en tiempo récord (…como si fuéramos chinos), en el amplio recinto ferial de Ifema.

Finalmente, y después de infinitas críticas, utilizar el Ifema temporalmente para atender a los enfermos de Covid fue reconocido como una muy buena idea. Aún mejor idea es el Hospital Isabel Zendal, especializado en pandemias, que se construyó con ese propósito y se puso en marcha cuando parecía que ya no volveríamos a tener casi ingresos por Covid porque llegamos a creer que podía ser verdad eso de que habíamos vencido al virus. Ahora el Zendal acoge más enfermos por Covid que ningún otro hospital de Madrid. Pero eso no es lo realmente importante. Lo relevante es que puede evitar el colapso hospitalario en Madrid para la atención de todas las demás patologías ante un inesperado incremento de los ingresos por la pandemia. Madrid es una región geográficamente pequeña donde viven casi siete millones de personas. El único fallo es que el Zendal fue aún más censurado que el Ifema y no vamos a alabarlo aquí porque será el tiempo quien se encargue de aplaudirlo. Lo hará, sean pacientes.

En el entretanto toca evaluar cómo conviviremos con el virus en este segundo año de la peste. Los anuncios de cierres y limitaciones se multiplican en los últimos días, con un eco amortiguado debido al colapso que ha traído la avalancha de nieve Filomena. Pero ahí están, con especial gravedad en regiones como Baleares que ya solo permite reuniones entre convivientes.

Y, como vivimos tiempos interesantes, el departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña anunció en la tarde del lunes que «el pico de presión de las UCIs» -es decir, el temido colapso- se produciría en las vísperas de la fecha electoral del 14 de febrero. Puede ser un preámbulo al posible anuncio de un retraso electoral. O no, porque una de las características de los tiempos interesantes es su capacidad para actuar de forma sorpresiva.

¿Cuándo se anunciará ese posible retraso? Pues depende. Lo previsible es que se espere hasta el último momento, que podría no ser el anunciado 15 de enero, sino alguna fecha muy cercana al inicio de la campaña electoral, prevista para la noche del 29 de enero. Así ocurrió en el retraso de las elecciones vascas y gallegas hace un año, y no hay motivo para pensar que las elecciones catalanas vayan a ser menos. ¡Vivir tiempos interesantes está apestado de ventajas!

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