The objective

El Subjetivo

Opiniones libres de algoritmos

Opiniones libres de algoritmos

Todo igual en el “partido malito”

Foto: PIERRE-PHILIPPE MARCOU | AFP

El debate a tres era en realidad un duelo con monaguillo o con carabina. Entre las dos esperanzas o abismos del PSOE, Susana, la antipolítica con copla, y Pedro Sánchez, el social liberal que juega a la izquierda a bandazos y a batacazos, Patxi López parecía uno de UPyD, sensato pero invisible. Nadie hubiera pensado hace unos meses que un debate así fuera importante. Susana no sólo controlaba el aparato, con una gestora hecha de marionetas de calcetín y unas agrupaciones funcionando como fotocopiadora de su cara, sino que además estaba combatiendo casa por casa, nómina por nómina, con el poder orgánico apelando más al estómago que a las ideas. Todo parecía controlado y Susana se diría que acariciaba ese gato de los villanos de dibujitos o de un James Bond setentero. Sin embargo, el cabreo de gran parte de la militancia socialista era mayor de lo estimado, y el poder de los barones, bailones y regios como cabezudos, era menor de lo que sonaba entre moquetas. Y ese fallo de cálculo de Susana, que se vio en el número de avales, hizo este debate interesante.

En estos debates no suele haber ganador, sino perdedor. En este caso, o Susana atacaba, o Pedro Sánchez ganaba. Así que Susana atacó. Retrató a Pedro como un político perdedor, que cambia de opinión continuamente y que se cubre con los harapos ideológicos de Podemos. Sánchez, por su parte, personalizó en Susana el PSOE que le dio el gobierno al PP con una gran reverencia o cambalada de banquete, y que ha conspirado no sólo contra él, sino contra la militancia. Patxi López insistía en que no hay que pelearse sino proponer, y parecía pedir un silbato.

Susana no temió retratarse: empezó hablando de la “izquierda en primera persona”, o sea ella, por supuesto. Más que la Merkel Roja, sigue pareciéndose a Lopera. Ella ante todo, más la preocupación por la situación del partido, del que se ha visto siempre salvadora, igual que de España: partido y país que necesitan “un rumbo cierto”. Podría ser una frase de Rajoy, y es que Susana, como el PSOE andaluz, es profundamente conservadora en el discurso. Discurso conservador y sentimental. “El partido está malito”, llegó a decir, como una abuela con sopa de pollo o alguien que cuida a un gorrión. Y la culpa es de Pedro, que ante un PP “tóxico e infame” perdió dos veces y sólo consiguió 85 escaños. Susana se presentó como el PSOE ganador, pese a que en Andalucía el PSOE gana sin hacer nada (en 35 años no se ha conseguido mejorar la convergencia con el resto de España), gana por una especie de inercia religiosa y voluminosa de pirámide, y gana cada vez menos (Susana sacó menos votos que Griñán, un pegasellos de partido). Susana no sólo parece no darse cuenta de que Andalucía no es España (es lo que yo llamo el efecto Toñi Moreno), sino de que eso del “PSOE ganador”, el suyo, pura herencia como una yeguada, frente al otro “PSOE perdedor”, toca muchísimo las narices fuera de Andalucía: “A todos nos gusta ganar pero no todo el mundo gana”, dejó dicho para que cada cual en su federación se escociera.

Pedro se puso frente a Rajoy y frente a Susana como si fueran el mismo rey o reina de la baraja francesa, y defendió pactar con Podemos como ha hecho ya el PSOE en muchos lugares. Aclaró que eso no le pone flauta con perro ni barretina con corte de manga: si él no es presidente es justo por no aceptar las condiciones de Pablo Iglesias. Mientras Susana le afeaba que él lo mismo posaba con bandera de fragata que hablaba de la nación de naciones, Pedro le recordaba que ella votó sí al Estatut y que ha dado también definiciones bizcochables de nación antes de buscar en la bandera un cartel para la Gran Vía.

Susana, a pesar de fingir que renegaba de esa teoría que habla de un PSOE que conviene a la derecha y otro que no, insistió mucho en que ese PSOE que le conviene al PP es precisamente el de Pedro, el del peor resultado de la historia. Se le olvida a Susana es ella es la preferida de los votantes de derechas, no sabemos si porque creen que, seguramente, perderá igual o peor y además será más dócil. Susana prometió marcharse si no mejoraba los resultados de Pedro, una apuesta muy baja para tanta parusía susanista.

Pedro planteó un partido de los militantes mientras Susana deseaba un PSOE en la misma Pax Romana o de Mar Muerto del PSOE andaluz, al que puso como ejemplo de todo, quizá incluso de ganar sin que el mundo fuera del partido lo note. Puede que ese modelo de contemplación en la gobernanza pero familia, golpe, gestora e hisopazo en lo orgánico arregle todo en España. En cuanto a Patxi, intentaba hablar de propuestas, de política y de reconciliación hasta la lástima, esa lástima que da ver que sería el mejor candidato y sólo parecía el recogepelotas del partido. Sánchez hasta intentó captarlo para su causa, sin pudor, pero López se desmarcó. Seguirá vivo para ser el cura del divorcio o el que quite votos a Sánchez como un colillero.

El debate, decía, era para ver quién perdía. Pero nadie salió como un torero revolcado, ni con las orejas del otro cortadas o arrancadas como mejillones. Así que todo queda como estaba. Con el pedrismo crecido y Susana pensando si va a poder sacar al final por la puerta, como un piano, el gran cartel de ella misma que ya se había encargado. Y el partido, igual de malito.

Más de este autor

El voto temblando

Los alcaldes con sus bomberos de gala, los europeístas con su piscina de estrellas para los burócratas, como un anuncio de champán; ...

Más en El Subjetivo

Dignidad

Como nunca estuvo muy claro qué añade la dignidad a los derechos humanos, con el tiempo, aquélla ha aspirado a ser el fundamento metafísico de estos