José Carlos Rodríguez

Todos lo viven, pero pocos lo conocen

"La corrección política es la respuesta a la herida, profunda como una sima, que se produjo en la sociedad europea durante la I Guerra Mundial"

Opinión

Todos lo viven, pero pocos lo conocen
Foto: Zoe Holling
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Todos lo vivimos. No surge de ninguna ley, sino que es algo más poderoso. Es un conjunto de órdenes y prohibiciones que observamos con mayor o menor aquiescencia, pero que ninguno de nosotros se salta en su totalidad, y en todo momento. Incluye una lista de palabras prohibidas y de nuevos conceptos que no conocíamos de jóvenes. Y, más que palabras, todo un acervo de supuestos que antes formaban parte del sentido común y ahora manchan cualquier reputación. Su mecanismo impone un ostracismo sutil, pero severo; un ostracismo que, claro está, apunta también a quienes osan nombrarla y criticarla. Se trata de la corrección política.

Personalmente estoy en una campaña para liberarme de ese corsé. Esta debería ser la primera aspiración de cualquier escritor, y duele observar cuántos de ellos se sienten reconfortados en su jaula. Pero ni defender la libertad ni ejercerla fueron nunca un oficio seguro, de modo que les entiendo. Quizá no aprecien lo reconfortante que es sentirse libre.

Lo que no he hecho es estudiar ese fenómeno, penoso esfuerzo que sí ha realizado Javier Benegas. El periodista lleva años de estudio sistemático de la corrección política, y ha volcado parte de sus hallazgos en un reciente libro, titulado La ideología invisible. Benegas dice al principio del libro que “la corrección política se ha convertido en la mayor amenaza para la libertad desde la eclosión de las ideologías totalitarias en el pasado siglo XX”.

Pero tiene su razón de ser, tiene su propia historia, que nada tiene que ver con las campanas que oímos a lo lejos sobre un “marxismo cultural” o una “Escuela de Frankfort”. La corrección política es la respuesta a la herida, profunda como una sima, que se produjo en la sociedad europea durante la I Guerra Mundial. Los jóvenes, “incapaces de superar el trauma de la guerra (…), rehusaron asumir cualquier responsabilidad (…) y decidieron endosarla íntegra a sus padres”. Buscaron un culpable y lo encontraron en el mundo viejo. Se inició un movimiento contracultural que es la semilla de lo que floreció como corrección política.

Surgida de un rechazo, la ideología de la corrección política es una hidra contradictoria y multiforme, mudable, y que parece tener lo que define a cualquier especie viva: la autopoiesis. Disuelve las trémulas estructuras de la civilización. Domada convenientemente, es un instrumento muy poderoso en manos de los políticos y de las grandes empresas, a costa de terminar con las normas de convivencia que, aunque imperfectas y provisionales, han permitido que la mayoría cumpla una parte importante de sus pequeños y grandes propósitos.

Como se puede leer en el Fausto de Goethe, todos lo viven, pero pocos lo conocen. Javier Benegas es uno de ellos.

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