The objective

El Subjetivo

Opiniones libres de algoritmos

Opiniones libres de algoritmos

Todos los hombres del Nobel

Es una lástima que esa atención se fije en un puñado de nombres, cuando la ciencia es un enorme y maravilloso esfuerzo colectivo e interdisciplinar

Los científicos son “como enanos a los hombros de gigantes”, en palabras del filósofo Bernardo de Chartres. Ya no hay ‘eurekas’ ni manzanas que caen sobre las cabezas; los grandes descubrimiento de nuestra era, como la secuenciación del genoma humano, la búsqueda del bosón de Higgs o la comprensión del funcionamiento del cerebro son obra de miles de científicos de distintas disciplinas y diferentes centros de investigación, que se unen para conseguir un objetivo común.

Los premios son siempre injustos, ya que galardonar a una determinada personalidad supone dejar de lado a otra que también puede merecerlo. Pero los Premios Nobel de disciplinas científicas son, quizá, los más injustos del mundo. Decía Alfred Nobel en su testamento que el galardón habría de otorgarse a quienes “durante el año anterior, hayan aportado los mayores beneficios a la humanidad”, y eso, en ciencia, es absolutamente imposible de medir. ¿Merecen más este galardón James Rothman, Thomas Südhof y Randy Schekman, que han recibido este año el Nobel de Medicina por descubrir las ‘normas de tráfico’ que regulan las células, que quienes lo recibieron el año pasado por la reprogramación celular, quienes lo recibirán el que viene o, peor aún, quienes ya han muerto y no podrán recibirlo nunca?

El caso del premio Nobel de Física, otorgado ayer a Peter Higgs y François Englert, es aún más injusto. Los dos investigadores formularon, hace medio siglo, la base teórica que predecía la existencia de una partícula que daba masa a las demás. Pero muchos otros investigadores trabajaron después en esta teoría, y fue el trabajo colectivo de unos 4.000 científicos de más de 30 países el que consiguió confirmar el pasado año la existencia de esa partícula, conocida como el bosón de Higgs. 

La atención del mundo solo se posa sobre la ciencia una vez al año, cuando se otorgan los premios Nobel. Es una lástima que esa atención se fije en un puñado de nombres, cuando la ciencia es un enorme y maravilloso esfuerzo colectivo e interdisciplinar, que solo fructifica después de decenas de años de trabajo complejo y silencioso. Lamentablemente, complejidad, silencio y trabajo colectivo son palabras incompatibles con “Nobel”.

Más de este autor

Más en El Subjetivo