Gabriel González-Andrio

¿Todos somos sospechosos?

El Gobierno americano está rizando el rizo para recuperar crédito como el país más seguro del mundo. La trágica mañana del 11-S, con el derribo de las emblemáticas Torres Gemelas, supuso un antes y un después para los americanos.

Opinión

¿Todos somos sospechosos?

El Gobierno americano está rizando el rizo para recuperar crédito como el país más seguro del mundo. La trágica mañana del 11-S, con el derribo de las emblemáticas Torres Gemelas, supuso un antes y un después para los americanos.

El Gobierno americano está rizando el rizo para recuperar crédito como el país más seguro del mundo. La trágica mañana del 11-S, con el derribo de las emblemáticas Torres Gemelas, supuso un antes y un después para los americanos. Desde entonces, el departamento de Seguridad estadounidense (United States Department of Homeland Security) trabaja a destajo para abortar cualquier potencial amenaza de Al Qaeda o cualquier otro enemigo de los Estados Unidos.

Ahora anuncian que no podrán embarcar los viajeros que tengan sin batería el móvil, portátil o tablet, teniendo que demostrar que no los han preparado para actuar como bombas. Creo que todas las precauciones son pocas, y me parece lógico que la inteligencia americana cuide el más mínimo detalle.

Sin embargo, creo que deberían corregirse algunos errores de bulto impropios de una potencia como EEUU. Porque no se puede medir a todo el mundo por el mismo rasero. Y eso es justo lo que me pasó a mí, cuando hace unos años traté de volar a Nueva York a un congreso publicitario internacional. Lo resumo.

Tratando de hacer las cosas de forma oficial, en lugarde viajar como turista opté por hacerme un visado de periodista en la embajada americana en Madrid. Después de una entrevista con el señor de una de las ventanillas me pidieron mi pasaporte (siempre en regla) y me dijeron que en unos días tendría noticias. Pues bien, al cabo de tres semanas –con el billete de avión ya comprado y el hotel reservado- y en vistas de que nadie me decía nada, acudí nuevamente a la embajada a preguntar qué ocurría. Y ahora viene lo mejor. No se lo pierdan.

El mismo funcionario que me atendió me soltó lo siguiente (no es textual): “su pasaporte está ahora en manos del Departamento de Seguridad ya que su nombre parece que coincide con el de un narcotraficante latinoamericano”. Imagínense la cara que se me puso cuando te dicen que tienes un “doble” en busca y captura. Pero peor fue tratar de explicárselo a mi santa madre y mis 8 hermanos. Puedo asegurar que ninguno jamás hemos tenido el más mínimo antecedente penal más allá de la típica multa de “la Hora”.

Yo traté de insistir en la embajada de que era un hombre de bien, en absoluto interesado en el narcotráfico y menos en atentar contra nadie. Pero nada. Mi visado estaba cancelado y no pude viajar, perdiendo el billete y la posibilidad de aterrizar en un país que me apasiona (¡hasta tengo una bandera de USA en mi despacho!). Al final, ya sin opciones de viajar, me devolvieron el pasaporte con el visado sellado. De poco servía ya.

Y yo pensaba, ¿era necesaria toda esta movida? ¿No hubiera bastado con una llamadita telefónica? Es bueno ser cautelosos, por supuesto, pero no parece razonable que todo hijo de vecino pasemos a surrealistas ‘listas de sospechosos’. Seguridad, sí, pero con sentido común.

¿O no tengo razón?

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