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Opiniones libres de algoritmos

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Tontín y Tontón

Foto: Steven Senne | AP

Se rumorea que Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, anda trabajándose su futura candidatura a la presidencia de los EE. UU. Él, que muestra dificultades de grado variable para la interacción social pero que hasta ahí llega, lo niega. El hecho de que su reto de buena voluntad para 2017 consista en «visitar treinta lugares de EE. UU. que no conozco» y que esas visitas se estén llevando a cabo con mejorable discreción alimenta los rumores.

El proceso es siempre el mismo. Tres tipos vestidos à la Zuckerberg, es decir mal, llegan a un pueblo minúsculo en los confines más recónditos y aparentemente irrelevantes de los EE. UU. para inspeccionar el terreno. Pongamos por ejemplo Dakota del Sur. Si los lugareños prometen silencio y buen comportamiento, a los pocos días aparece por allí Zuckerberg saludando a los camioneros con ese estiramiento de músculos faciales que sus asesores de imagen definen como «sonrisa», bebiendo ese extraño brebaje de color negro que la fauna local llama «café» y tratando de imitar los bárbaros sonidos guturales comúnmente conocidos como «habla» mientras observa las vacas pastar y se comunica con ellas en su lenguaje común, la telepatía.

La hipotética candidatura presidencial de Mark Zuckerberg es interesante por varias razones. En primer lugar, porque Zuckerberg es el ente consciente con más información acerca de los gustos, apetencias, ideologías, deseos y caprichos de una buena parte de la humanidad (Zuckerberg te conoce mejor de lo que te conoces tú mismo).

También es el ente consciente con más información acerca de cómo manipular esos gustos, apetencias, ideologías, deseos y caprichos en beneficio propio (Zuckerberg sabe cómo conseguir que pienses, hagas y digas lo que él quiere que pienses, hagas y digas).

Zuckerberg es también el principal representante y líder indiscutible de esa ideología nacida en Silicon Valley y que se mueve a medio camino de la cultura abierta, el humanismo basado en la tecnología, las teorías freudianas, la contracultura, el marxismo cultural, la mística hippie, el veganismo, las espiritualidades contemporáneas y, por supuesto, el liberalismo libertario. Una ideología difusa y redentorista, con su propia escatología, que replica la estructura de las antiguas religiones y que se ha convertido en el código de conducta por defecto en esa arquitectura digital que conduce de forma natural a la formación de monopolios y en la que Zuckerberg es el monopolista máximo.

Ojalá un duelo en 2020 entre un millonario analógico de la vieja era, infantiloide, incapaz de empatizar, mesiánico, caprichoso, políticamente incorrecto y desconectado del mundo real, y un millonario digital de la nueva era, infantiloide, incapaz de empatizar, mesiánico, caprichoso, políticamente vaporoso y desconectado del mundo real. La burbuja del ladrillo y la economía financiera contra la burbuja de la economía digital y la economía financiera. Un duelo apasionante en el que deberemos optar por dos modelos de sociedad radicalmente diferentes: el de Tontín y el de Tontón.

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