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Tras la sentencia, elecciones o elecciones

Foto: Stringer | Reuters

La sentencia de la Audiencia nacional ha sido demoledora. Sí. Marca un antes y un después. Ya no vale la estrategia rajoyesca de meter la cabeza debajo del ala y aguantar el chaparrón diciendo que son casos aislados y que él no se enteró de nada. No. La sentencia se carga las dos únicas asideras, endebles, a las que se agarraba Rajoy para permanecer en la presidencia del Gobierno y del PP: que se trataba de casos aislados y su palabra de no haber formado parte de ninguna trama, empeñando su honorabilidad en su palabra. La sentencia es diáfana, aunque con un voto particular que tampoco le ayuda mucho. Es tajante al establecer que el PP como partido, como organización, cometió delitos por los que es condenado y queda como una organización delictiva y es igual de tajante al negar credibilidad alguna a la palabra de Rajoy, al que apunta como responsable lógicamente de una estructura contable delictiva y como beneficiario del cobro de dinero B, o sea, negro, oculto a la Hacienda Pública.

Y claro, Rajoy, tras la sentencia, es evidente que no puede seguir siendo presidente del Gobierno, por mucho que se presente ante la prensa cabreado como una mona. No, señor Rajoy, los que están indignados son los ciudadanos españoles, en especial sus votantes. Primero porque su comparecencia no era consecuencia de la sentencia ni tenía como objetivo pedir perdón y asumir responsabilidades políticas posteriores al fallo judicial, sino mostrarse cabreado por la moción de censura de Sánchez. Los españoles no se merecen ni quieren tener un Gobierno formado por un partido condenado como una organización delictiva.

Y la salida no se presenta fácil. Pedro Sánchez se ha lanzado a una moción de censura a toda prisa tratando de gobernar en solitario con el apoyo de Podemos y sus mareas y los independentistas y nacionalistas vascos y catalanes. De entrada Pablo Iglesias y los catalanes se han mostrado partidarios, y el PNV juega, como siempre al despiste. Albert Rivera y sus Ciudadanos votarán en contra, y tratan de forzar a Rajoy para que convoque elecciones. Y en esa división de la oposición pueden estar la fuerza y la oportunidad de Rajoy para permanecer en el machito y agotar la legislatura.

Pero no hay otra. España necesita elecciones generales y un Gobierno estable que afronte las crisis que nos acechan, que son varias y muy serias. No hay otra salida. Aunque las encuestas dibujen escenarios que no nos hacen ser muy optimistas. Las elecciones son la única salida seria. De lo contrario, los partidos pueden estar haciendo un daño al sistema democrático más serio del que ellos puedan intuir. Ha llegado el momento de que los ciudadanos tomen la palabra y decidan lo que quieren. En el actual Parlamento no hay ninguna alternativa que garantice un Gobierno mínimamente estable. Y tienen poco tiempo, porque todo puede empeorar, aunque parezca difícil. Porque la Bolsa cae, la prima de riesgo sube y los independentistas se ríen a carcajadas y redoblan su discurso secesionista y sus acciones para desestabilizar España. O sea que, tras la sentencia, elecciones o elecciones. Todo un éxito la política de Rajoy de esconder la cabeza debajo del ala. Nos está costando a todos muy cara.

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