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Trump, la inmigración y el crimen

Donald Trump ha ordenado que el Departamento de Seguridad Nacional que elabora una lista exhaustiva, con periodicidad semanal, de los crímenes cometidos por extranjeros. También prevé crear una oficina para atender a las “víctimas estadounidenses” de esos crímenes. Trump ha puesto sus conclusiones a buscar los datos que logren corroborarlas. Como si en España, por ejemplo, de los crímenes cometidos dentro de la familia sólo se registrasen los cometidos por hombres.

Es un error de principio, porque lo pertinente es entender bien un fenómeno tan complejo como el crimen, y para eso hay que recoger todo tipo de información, incluyendo, por supuesto, la situación personal de víctimas y criminales. Sólo así podremos entender dónde se violan las leyes, y algunos de los mandamientos de la Ley de Dios, puestos ya a conocernos mejor.

Es una apuesta arriesgada, la de Trump, porque la realidad tiene la costumbre de desmentir las ideas preconcebidas de los políticos. Es más, en su caso ya se ha encargado de hacerlo. Hay un Journal of Ethnicity in Criminal Justice como hay un Journal para casi todo. Uno de sus artículos, resumido por The Marshal Project, revisa los datos de los censos entre 1970 y 2010 y los del FBI en 200 áreas metropolitanas. Su conclusión es que por cada punto porcentual de aumento de la inmigración, se produce una reducción de casi cinco crímenes por cada 100.000 personas.

The Marshall Project cita varios estudios de ciudades que llegan a la misma conclusión, pero no uno realizado con el censo de 2000 y los datos unificados del crimen de ese año, que resume Scientific American diciendo: “Las grandes ciudades con grandes poblaciones inmigrantes tienen menos incidencia del crimen, de media, que las que tienen una mínima presencia de inmigrantes”.

Lo interesante es saber porqué. Otro informe, éste elaborado por NBER en 2007, llega a las mismas conclusiones, pero lo relevante es que salta al porqué: el sistema elige a inmigrantes que tienen menos propensión a cometer crímenes.

Pero hay más. Van a prosperar. Van con el objetivo de ser uno más. Van para legar a sus hijos, si no logran obtenerlo ellos, la ciudadanía de los Estados Unidos. Allí les espera el mercado, que es el gran integrador. Es ciego ante el color de la piel, y une porque se basa en el beneficio mutuo. Allí el encuentro es provechoso, remunera la convivencia, y castiga el conflicto. Y el crimen les puede hacer perderlo todo.

Ojalá la realidad corra a la Casa Blanca más rápidamente que los prejuicios de Trump.

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