Paco Reyero

Trump, las encuestas y el fantasma de la derrota de Hillary-2016

Las elecciones serán una consulta sobre la renovación del actual presidente, al margen del candidato demócrata

Opinión

Trump, las encuestas y el fantasma de la derrota de Hillary-2016
Foto: Mandel Ngan| AFP

Los sondeos con el resultado final para la noche del próximo 3 de noviembre son desfavorables para Donald Trump. También lo eran en 2016. La media de las encuestas que publica fivethirtyeight.com marcan una distancia de 10,6 puntos. Hace cuatro años, Hillary Clinton también iba a obtener una victoria sin sobresaltos.

En Estados Unidos, en los pasados comicios, las grandes casas demoscópicas se equivocaron. Ahora, la “HillHarrys-X poll” ha indagado, con otra encuesta (¡¡¡claro!!!), sobre cuánto considera el cuestionado que los norteamericanos mienten cuando en las sondeos se pregunta por la intención de voto: muchos, concluye HillaHarrys-X.

La ocasión es proclive para Joe Biden, un candidato que no levanta entusiasmo ni propone grandes retos de futuro. Su paso electoral discurre entre ideas soft y la máxima de no soliviantar a la legión de votantes republicanos hartos de Trump, de sus mentiras y de sus patochadas. Ese desencanto republicano podría empujar lo suficiente al demócrata.

El extravagante showman no descansa: esta semana justificó en la cadena ABC que retwiteaba sobre la teoría de la conspiración que da por vivo a Osama Ben Laden “porque la gente es inteligente y sabrá discernir si el retweet es verdad o mentira” (la presentadora Savannah Guthrie, le contestó: “La gente es inteligente, pero usted es el presidente de los Estados Unidos y no el tío loco de la casa”).

Tras superar la COVID-19, el presidente se ha autodefinido como un “perfecto especimen físico” y algunos republicanos notables han difundido imágenes de Trump, en un combate de lucha libre, venciendo al virus. “El presidente no tendrá que recuperarse de la COVID-19. Es la COVID-19 el que tiene que recuperarse del presidente Trump”, ha escrito el republicano de Florida, Matt Gaetz. Desde luego. Justo en la semana en la que la nación ha alcanzado los ocho millones de contagios y supera los 220.000 fallecidos, el presidente promete que extenderá rápidamente Regeneron, el medicamento que a él le suministraron, entre todos lo que lo necesiten. Antes tiene que estar aprobado, contrastado y listo para ser distribuido.

Biden no habla de extender una cobertura sanitaria universal (en un país donde tanto arraigo tiene el seguro privado) y elige terrenos comunes como el sobado motto “Made in America” para recuperar empleos, sectores y cierto espíritu patriótico.

Entonces, ¿cuál es el motivo principal por el que los electores votarán al candidato demócrata? La respuesta es elemental y desalentadora: un 56% (si damos valor a las encuestas) se conforma con ese argumento, “Joe no es Donald”. Es decir, más de la mitad de los electores confía en que llegue otro a la Casa Blanca, cualquiera, antes que el presidente número 45 de la democracia norteamericana.

El gran showman, un hombre disparatado, falaz, caótico, ha hecho fortuna en un país en que lo trivial sostiene la bipolaridad de ricos y pobres. La mayoría de los miembros de ambas cámaras, del Senado y de la Cámara de Representantes tiene grandes fortunas personales. Trump es además, parte del engranaje mediático que aglutina al país por encima de los problemas reales. En 2016 fue gracias a la atención prestada generosamente por las grandes cadenas de cable y programas de gran audiencia como Donald Trump pudo alcanzar la presidencia. Desafortunadamente, se ha hecho cierto los pronosticado por Lewis Carroll, “en este país los mapas (la televisión) son más grandes que la carretera” (la realidad).

A poco más de dos semanas, el resultado está abierto.

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