Cesar Cidraque Llovet

Tú también sirves

Ayudar a alguien implica dar al que no tiene y suponer que tú sí que tienes, que tú sí que sabes. Quiere decir que x traspasa algo a y, algo que a y le faltaba.

Opinión

Tú también sirves

Ayudar a alguien implica dar al que no tiene y suponer que tú sí que tienes, que tú sí que sabes. Quiere decir que x traspasa algo a y, algo que a y le faltaba.

Alguna vez me han dicho: “es que yo no valgo para escuchar a los demás, no tengo paciencia, no sirvo para ayudar a otros, no se me da bien…” Y lo celebro. Se trata de un gran ejercicio de honestidad -esté en lo cierto o no- para nada reprochable. No creo que tengamos que ayudarnos los unos a los otros, ni solucionarnos los problemas. Dice el proverbio chino: “antes de salir a arreglar el mundo, da tres vueltas a tu casa”.

Ayudar a alguien implica dar al que no tiene y suponer que tú sí que tienes, que tú sí que sabes. Quiere decir que x traspasa algo a y, algo que a y le faltaba. La cuestión es que los seres humanos no nacemos vacíos, no nos tienen que rellenar ni verter conocimientos. Todo está dentro nuestro, por descubrir. Tenemos un potencial enorme. Y la prueba es que a menudo cuando buscamos llenarnos del exterior nunca nos damos por satisfechos. Siempre falta, siempre hay algo más que conseguir. No se trata de dejar de ser ambiciosos, sino de no ser codiciosos.

Una vez me pregunté quién era yo para tratar de solucionar los problemas de los demás y ayudar. Si sabía algo que los demás no supieran, si tenía algo que los demás no tuvieran, si era algo que los demás no fueran. Y como no sentí que yo fuera mejor o peor que los demás, preferí cambiar la palabra ayudar por la de acompañar. Preferí dejar de ponerme por delante o por encima de los demás para ponerme al lado. Preferí dejar de dar para pasar a compartir, de ofrecer para pasar a servir. Sin filtros, sin condiciones. Nunca se llega a hacer de forma perfecta, el aprendizaje es para siempre.

Cuando dices que no sirves para ayudar, fenomenal, no lo hagas. Pero puedes acompañar. Puedes escuchar sin juzgar, sin interrumpir, sin estar pensándote una respuesta, sin responder explicando una de tus anécdotas, sin la necesidad de solucionar o de dar un consejo. Simplemente acoger con el corazón abierto.

¿Sabes qué ocurre? Que las personas no nos ayudamos. Cada uno sólo puede ayudarse a sí mismo. El resto podemos despertar en el otro una idea, encender una luz. Podemos contribuir a que la otra persona satisfaga una necesidad. Pero las acciones –que son las que solucionan- debe hacerlas cada uno.

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