Pilar Cernuda

Un año de ausencia

«No deja de ser curioso que el hombre al que tanto deben los españoles […] se encuentre ahora en una especie de exilio de lujo»

Opinión

Un año de ausencia
Foto: Abraham Caro Marin| AP
Pilar Cernuda

Pilar Cernuda

Periodista, vivió la Transición desde el ruedo, no la barrera, y su escepticismo respecto a la clase política actual –con excepciones- es inconmensurable. Y se le nota.

Un año lleva D. Juan Carlos fuera de España. Un año de ausencia, de pensar permanentemente en el regreso, de decepciones por los sucesivos aplazamientos cuando todo estaba preparado para volver, Navidad, el cumpleaños y otras fechas significativas. Un año de visitas con cuentagotas, sus hijas siempre al quite, y algún que otro amigo. Pocos, porque no hay vuelos directos y el covid complica las cosas. Un año en el que D. Juan Carlos tiene que tragar que aún digan que ha huido, cuando le echaron, le señalaron el camino de salida. Y un año de informaciones que no siempre respondían a la verdad, y que sin embargo eran suficientes para paralizar cualquier posibilidad de coger el avión de regreso.

No deja de ser curioso que el hombre al que tanto deben los españoles, que promovió una Transición que dio gloria a España y la prestigió internacionalmente, que convirtió en plazo récord una dictadura y una democracia contando con un puñado de políticos de primera, sin que le importase su ideología porque solo le importaba al Rey que demostraran respeto por su país y sentido de Estado, que ese hombre se encuentre ahora en una especie de exilio de lujo, exilio dorado pero que no deja de ser exilio.

Su vida privada ha dejado que desear, sí, pero el que esté libre de culpa que tire la primera piedra. Y su vida financiera es un absoluto caos, pero hasta ahora ni el fiscal Bertosa de Suiza ni los fiscales españoles han iniciado procedimientos contra él por encontrar indicios de delito. Ahora, eso, sí, datos aparecen toos los días. Escandalosos, indignantes … pero está por demostrar que todos ellos sean ciertos. Recibió una transferencia de cien millones de dólares en un banco suizo hace 13 años, una donación del rey saudí. Están buscando la forma de demostrar que era el pago de una comisión, pero hasta ahora no se ha encontrado nada. Donación, regalo, no comisión. Encima se lo ha quedado todo Corinna Larsen, a la que según ella se lo regaló D. Juan Carlos como prueba de su afecto a ella y a su hijo. Es Larsen, a la que investiga Bertosa, junto al ex comisario Villarejo, quien periódicamente hace llegar informaciones sobre sospechosos dineros del Rey Juan Carlos. Que ha cometido irregularidades parece probado, que sean delitos es lo que hay que demostrar, y hasta ahora no hay ningún procedimiento abierto por presuntos delitos. Pero la palabra de Villarejo y Larsen para algunos vale más que la de quien tanto hizo por España.

Se fue hace un año y todo apunta a que no volverá a vivir en España, donde no le permiten alojarse en su casa, y como mucho podrían autorizarle a pasar temporadas, a no ser que cambien mucho las cosas. Ha cometido errores, por supuesto, pero a nadie se le escapa que hay gente en el gobierno que aprieta las tuercas para presentar a D. Juan Carlos como la mejor excusa para promover la república. Por eso repite que está a permanentemente a disposición de la Justicia para aclarar lo que haga falta; por eso no se defiende a gritos, porque no quiere dañar a la Corona.

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