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¿Un castigo merecido e inevitable?

"La rapidez de la reacción de Sánchez significa: todo lo dicho hasta ahora queda sometido a revisión"

Foto: Paco Campos | EFE
Después del desacuerdo creciente, de los insultos recíprocos y de la incapacidad para entenderse durante siete meses, ya lo saben todos ustedes: en un ratito, mientras tomaban el vermut en La Moncloa, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias han formado su Gobierno de coalición y se han fundido en un entrañable abrazo. Iglesias vicepresidente y seis o siete ministerios, marchando.
Ni el Rey ha encargado a Sánchez formar Gobierno ni por ahora hay mayoría parlamentaria para que este Gobierno pueda ser confirmado, pero da igual. Sánchez, tras afirmar días antes que un acuerdo con  Podemos le quitaba el sueño, se ha apresurado a demostrar que tras todas las cortinas de humo su ambición sigue siendo un Gobierno “progresista”.
Es tarde ya para reprochar a Ciudadanos su indefinición o a Vox su histriónico y exitoso asalto a los votos conservadores. Tenemos lo que tenemos, y visto lo visto la negativa inicial de los separatistas de ERC a respaldar el acuerdo PSOE-Podemos hará que tomársela a beneficio de inventario. La rapidez de la reacción de Sánchez significa: todo lo dicho hasta ahora queda sometido a revisión.
El problema fundamental es que ocho años de Gobierno prácticamente delictivo de Zapatero y un añadido penoso de Sánchez desembocan en 120 escaños para el PSOE, 32 por encima del siguiente. Finalmente, más dañinos que los años de los irresponsables del PSOE parecen haber sido los del moderno Don Tancredo, Mariano Rajoy. Y eso, en democracia, no tiene vuelta de hoja.
Una legislatura, siquiera abreviada a un par de años por las previsibles calamidades por venir, parecería ser la penitencia inevitable tras esta muestra de resistencia del socialismo y de fractura de la derecha. Sobra decir que los resultados serían calamitosos, y que un país que lleva ya tiempo sobre la cuerda floja de una economía sin referencias ni seguridades, se hundirá sin duda en una recesión severa si finalmente Iglesias y sus correligionarios –los de la hoz y el martillo enhiestos y la Internacional a voz en grito- gobiernan junto al desnortado PSOE de Sánchez, Calvo ‘e tutti quanti’.
¿Habrá que considerarlo como una prueba necesaria, como una inevitable vacuna para esta España ya rota? Uno quisiera pensar que existe alguna otra salida. Sin violencia, sin ruptura de la Constitución. Pero cada día nos lo ponen más difícil. Y, en todo  caso, el coste económico va a ser abrumador.

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