Guillermo Garabito

Un deporte de hooligans

«Cataluña, quedó claro ayer, es la antesala de España, de este miedo circunstancial al virus, pero sobre todo de este hastío general en el que nos encontramos»

Opinión

Un deporte de hooligans
Foto: Alberto Estevez| EFE
Guillermo Garabito

Guillermo Garabito

Valladolid, 1992. Columnista en ABC CyL. Colaborador en Onda Cero Valladolid. Escritor sin café.

Cataluña es más España que ninguna otra parte, se ponga como se ponga Rufián, lo demuestran precisamente los resultados electorales de anoche mejor que cualquier CIS de Tezanos. La abstención por el miedo y el hastío, pero sobre todo ese entregarse al populismo con fruición  y de rodillas porque el independentismo –Junts, ERC, CUP, ECP–, Illa y Vox lo son. Cataluña, quedó claro ayer, es la antesala de España, de este miedo circunstancial al virus, pero sobre todo de este hastío general en el que nos encontramos. La política ha pasado de ser una vocación de servicio a un deporte de hooligans, por eso gritan y se llevan bengalas a los mítines. Y luego está Iceta, que es la mascota –más que caballo de Troya– que el independentismo ha metido en Moncloa.

Cada vez nos ponen las palabras más duras, más gruesas, por eso se envalentonan igual en los mítines de Unidísimas Podemos y en los de VOX: «¡A por ellos!» Y en realidad no van a por ellos, sino a por nosotros, a por todos los que no vamos a por nadie, que no sentimos unas siglas, ni un proyecto político, ni nos partiríamos la cara por ellos, como tampoco lo haríamos por un gol del Madrid. A por los que la política sólo nos exalta cuando no nos deja coger a gusto el sueño a la hora de la siesta, a por los que sólo queremos llegar a fin de mes, pagar menos impuestos y a ser posible un respirador libre en la UCI. Y ya cuando eso lo tengan resuelto que se pongan con la independencia, la reconquista de Gibraltar, la ‘Agenda 2030’, el diesel vegano e incluso con la conservación del lobo con perspectiva de género. 

¡Adiós, Ciudadanos, adiós! No he conocido nadie que se haya empeñado tanto en hacer desaparecer un partido como Inés Arrimadas, que es populista pero de centro. De ser la fuerza más votada en Cataluña en los anteriores comicios, se ha quedado en los huesos que es como se nos va quedando la expectativa de que nos vuelvan a dejar dormir la siesta en paz. Y con Casado hundido, ese líder que nunca llegó a liderar en España, sólo queda patente que la derecha no pinta nada y tampoco lo pintará. 

Esto es España, un país que su geografía natural es estar partido en dos como queda una vez más Cataluña: con Cánovas o Sagasta, con España o contra ella, con el populismo o no, como antes se estaba con Mourinho o contra él.

Y eso y sólo eso salió ayer de las urnas en Cataluña, el independentismo reforzado. Da igual que ganase las elecciones Illa, que es la nueva Arrimadas. Los resultados de Cataluña son la prueba de la necesidad de más droga dura a la que viven enganchados muchos, de seguir practicando este deporte de hooligans porque como se demostró anoche, da votos. Y aunque los independentistas se creen muy especiales, los primeros de su especie, a esto quién mejor juega es un tipo de Tetuán. Pedro Sánchez –único ganador de las elecciones en Cataluña, anulando a la derecha una vez más–, que es un hooligan de Estado, pero de esos que ya han adquirido cierto aire respetable y por eso tiene un hombre de paja en cada sitio, como es Illa en Cataluña. Y así duerme tranquilo sabiendo que él no se manchará más las manos diciendo palabras gruesas, porque las necesita limpias para estrecharlas en Europa mientras se las mete al Poder Judicial y a todo lo que se interponga entre su persona y el poder, pero poder del de verdad.  

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