Blas Pinar Pinedo

Un Estado que te controla con las magdalenas

Cuando el Estado regula el contenido en grasas y azúcares actúa sobre tu mente, grabándote un mensaje destructivo: usted no se preocupe, yo me encargo de todo.

Opinión

Un Estado que te controla con las magdalenas

Cuando el Estado regula el contenido en grasas y azúcares actúa sobre tu mente, grabándote un mensaje destructivo: usted no se preocupe, yo me encargo de todo.

Estados Unidos ha ordenado actualizar las etiquetas de los alimentos envasados, que ahora mostrarán las calorías de manera más detallada e incluirán el azúcar añadido. El objetivo es reducir la obesidad y enfermedades como la diabetes. La enorme regulación que padecemos es la mayor garantía de lograr efectos contrarios, perversos, porque es un socialismo. San Pablo se dio cuenta y escribió en su «Carta a los Romanos» aquello de que conoció el pecado por la ley. Y siempre vuelve a ocurrir lo mismo. Las medidas para controlar la obesidad producen un aumento de gordos de manera que las políticas que pretenden reducir los embarazos no deseados acaban por aumentar el número de abortos. Porque el Estado jamás pretenderá nuestro bien, ni nuestra felicidad a pesar de la ingenuidad de ciertas constituciones, sino que persigue su propio poder.

Con las medidas antiobesidad engorda también el Estado. El Estado que pretende controlarlo todo es como un GPS y acaba por producir ignorantes que ya no saben ir a ningún lado sin una pantalla que habla. Si el Estado se ocupa de todo la gente no se preocupa por nada. Renunciando a la propia iniciativa y a la responsabilidad que todos debemos tener, la gente acaba sin libertad y en manos de un poder que jamás se preocupará por nosotros. El Estado actual, inmenso porque lleva décadas creciendo, quiere decirte cuántas calorías tienen las magdalenas para que te olvides de cuidarte, de pensar en tu salud, de informarte e, incluso, de cocinarlas en tu propia casa y con los mejores ingredientes. Cuando el Estado regula el contenido en grasas y azúcares de la mermelada está actuando sobre tu mente, grabándote a fuego el siguiente mensaje destructivo: usted no se preocupe, yo me encargo de todo. Y aquí, todo, es todo.

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