Irene Cacabelos

Un funambulista en el Palau

No sé si Artur Mas conseguirá celebrar la consulta del 9N pero lo que sí ha logrado es monopolizar el debate político y eso, tiene su mérito. Parecía difícil, pero esta semana el President ha tensado un poco más si cabe la cuerda de su desafío soberanista.

Opinión

Un funambulista en el Palau

No sé si Artur Mas conseguirá celebrar la consulta del 9N pero lo que sí ha logrado es monopolizar el debate político y eso, tiene su mérito. Parecía difícil, pero esta semana el President ha tensado un poco más si cabe la cuerda de su desafío soberanista.

No sé si Artur Mas conseguirá celebrar la consulta del 9N pero lo que sí ha logrado es monopolizar el debate político y eso, tiene su mérito. Parecía difícil, pero esta semana el President ha tensado un poco más si cabe la cuerda de su desafío soberanista. Y en esas seguimos.

Cual funambulista sin red, Mas camina sobre el precipicio legal que supone su pretendida consulta independentista. No debe ser fácil interpretar varios papeles a la vez y resultar creíble para todos los espectadores, pero él lo sigue intentando.

El rol en el que se siente más cómodo es el de líder de la causa soberanista. Ese carro al que se subió de la noche a la mañana y del que ya ni puede ni le dejan bajar. Es lo que tiene permitir que organizaciones como la ANC mangoneen en tu casa pero como se suele decir «sarna con gusto no pica».

Un papel de abanderado que debe compaginar con el de presidente de una comunidad autónoma que juró defender la Constitución. La misma a la que ahora desafía aún a riesgo de cometer un delito.

Por eso Artur Mas camina sobre ese desfiladero dando dos pasos adelante y medio paso atrás: Ahora suspendo la campaña, ahora nombro a la Junta Electoral, ahora digo que la consulta será legal, mañana que no renuncio a celebrarla … vamos, que la perdiz hace tiempo que pasó del mareo al desmayo por agotamiento.

Pero el President tiene un papel todavía más complicado: el que debe representar ante sus socios de gobierno. Los mismos que sujetan su arnés mientras le dan empujoncitos por la espalda. Sin ellos, caería definitivamente al vacío, pero bajo su paraguas es probable que acabe traspasando la línea roja y por supuesto cargando con toda la responsabilidad.

Y así, entre pulsos y partidas de ajedrez pasa los días el “molt honorable“ .Algunas manos empiezan a tenderse pero todavía no se vislumbra el apretón de manos. Los próximos siete días pueden ser la clave.

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