Irene Junquera

Un huevo con patatas

Justo delante del todoterreno gris que te antecede aparece un restaurante de comida rápida. Hamburguesas, patatas, refrescos… y hasta ese delicioso brownie que tan buenos recuerdos te dejó la última vez. Todo al alcance de tu mano y sin necesidad de bajarse del coche.

Opinión

Un huevo con patatas

Justo delante del todoterreno gris que te antecede aparece un restaurante de comida rápida. Hamburguesas, patatas, refrescos… y hasta ese delicioso brownie que tan buenos recuerdos te dejó la última vez. Todo al alcance de tu mano y sin necesidad de bajarse del coche.

Ponte en situación: jueves. Tres y media de la tarde. Aún no te ha dado tiempo a llegar a casa del trabajo y mucho menos a comer. Arrastras hambre de toda la semana porque la dieta tan efectiva que te recomendó tu suegra, Dolores, está haciendo estragos. De pronto, un oasis alimenticio en medio del tremebundo atasco que hace que tus glándulas salivales entren en acción. Justo delante del todoterreno gris que te antecede aparece un restaurante de comida rápida. Hamburguesas, patatas, refrescos… y hasta ese delicioso brownie que tan buenos recuerdos te dejó la última vez. Todo al alcance de tu mano y sin necesidad de bajarse del coche.

Decides olvidarte de tu suegra Dolores, de la dieta, del poder de la mente y de todas esas historias en las que nunca has creído y llegas a la conclusión de que tienes que darte un capricho, que te lo mereces, que un día es un día y que no se va a ir todo al garete por un inofensivo menú para llevar. Total, es pan y carne. Y hasta lleva verduritas como la lechuga. Alimentación completa.

Sitúas el coche y comienzas a leer la variedad de hamburguesas que te ofrecen. Hasta que te percatas de algo… dos mil calorías el menú que deseas. Un momento, ¿dos mil? Debe de haber un error porque eso es lo que lleva pautada tu dieta para todo el día. Por no hablar de que descubres que la carne puede llevar azúcar y trazas de frutos secos.

Bien. Lo han conseguido. El Gobierno de Estados Unidos te ha ganado la batalla. A ti y a tu gula. Pisas el acelerador sin darle tiempo a tu estómago a replicar.

“Casi mejor me espero a llegar a casa y me frío un huevo”. Que sí, lleva mucho aceite, pero al menos es de oliva y te permite cenar algo después sin quebrantar las mil leyes de la perfecta nutrición.

A veces se nos olvida de que no es una cuestión sólo de calorías, sino de salud. Y que sí, un día es un día, pero donde esté un huevo con patatas…

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