Gabriel González-Andrio

Un machete por bandera

Cuando no hay argumentos, cuando la razón es enterrada por la pasión y el fanatismo, las armas pasan a convertirse en el único símbolo. No hay banderas, no hay argumentos, no hay corazón: “estás conmigo o estás contra mí”. Así será complejo resolver un conflicto de este calibre.

Opinión

Un machete por bandera

Cuando no hay argumentos, cuando la razón es enterrada por la pasión y el fanatismo, las armas pasan a convertirse en el único símbolo. No hay banderas, no hay argumentos, no hay corazón: “estás conmigo o estás contra mí”. Así será complejo resolver un conflicto de este calibre.

Esta especie de revolución del llamado Estado Islámico empieza a convertirse en una pesadilla. Para los que no  sabemos árabe, empezamos a pensar que el símbolo que identifica a este grupo es el machete. La foto que ilustra esta columna no es más que un botón de muestra. Hace poco vimos la misma estampa antes de que degollaran de forma miserable y cobarde al bueno e inocente Jim Foley.

Cuando no hay argumentos, cuando la razón es enterrada por la pasión y el fanatismo, las armas pasan a convertirse en el único símbolo. No hay banderas, no hay argumentos, no hay corazón: “estás conmigo o estás contra mí”. Así será complejo resolver un conflicto de este calibre.

Estados Unidos, con Obama a la cabeza, ya ha dicho que no va a permitir que el EI imponga su forma de ver el mundo. Mientras, los yihaidistas y sus mentores no están dispuestos a envainar sus cuchillos y colgar sus Kaláshnikov.

He tenido la oportunidad de pasar una temporada en Líbano, llegando muy cerca de la frontera con Siria. Oriente Medio ha sido históricamente un avispero donde una guerra ha dado paso a otra. Todo esto ha terminado derivando en la aparición de movimientos extremistas y radicales que han descolocado al mundo occidental y sus mandatarios.

El pulso al que hoy somete este grupo islámico al resto del planeta ha puesto en guardia a las grandes potencias. Reino Unio ya ha apretado el botón de alerta máxima, y Estados Unidos es consciente de que está en el punto de mira. A nadie se le escapa de lo que es capaz esta gente. Hasta han convertido las grabaciones de sus crímenes en una especie de seriales televisados para aterrorizar al mundo.

Y lo cierto es que, de un modo u otro, todos los gobiernos temen ya por la seguridad de sus ciudadanos. Algo similar a lo que todos sentimos con la desorganización organizada de Al Qaeda.

Esperemos que esto acabe pronto. Por el bien de todos.

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