Gemma Bargues

Un milagro llamado Hope

No hace mucho me dijo una amiga que ya estaba bien de escribir siempre sobre noticias malas; que por qué no me daba nunca por relatar historias bonitas, esas que te hacen sonreír con solo leerlas y que, aunque sea por un minuto, te alejan del vertedero informativo en el que se ha convertido este mundo, el de las noticias que venden. Véase terrorismo islámico o violencia de género. Aunque lo de vertedero también va por los “sálvames” y “deluxes” varios, claro.

Opinión

Un milagro llamado Hope
Gemma Bargues

Gemma Bargues

Periodista. Responsable de Proyectos en Connect-U. Imposible vivir sin pedalear.

No hace mucho me dijo una amiga que ya estaba bien de escribir siempre sobre noticias malas; que por qué no me daba nunca por relatar historias bonitas, esas que te hacen sonreír con solo leerlas y que, aunque sea por un minuto, te alejan del vertedero informativo en el que se ha convertido este mundo, el de las noticias que venden. Véase terrorismo islámico o violencia de género. Aunque lo de vertedero también va por los “sálvames” y “deluxes” varios, claro.

Y mi amiga tenía razón; ¿será que los medios solo sirven de altavoz para reivindicar algo que no va bien en el mundo? Sí, y bravo, pero también están para contar, por ejemplo, que un niño de dos años ha vuelto a nacer en Nigeria después de que su propia familia lo abandonara por ver en él a un brujo endemoniado. Es el de la foto; el mismo que hace dos meses estuvo jugando con la muerte, a ver quién aguantaba más, sin comer, sin beber, sin refugio, sin nada de nada que le diera esperanzas de vencer. Pero lo hizo, gracias a Anja Lovén, la creadora y directora de una ONG que vendió toda su vida en Dinamarca para comprarse la felicidad rescatando en Nigeria a niños abandonados por superstición.

Y vale que, en parte, la noticia ha dado la vuelta al mundo por la imagen de esta joven salvadora: su pelo rubio platino, su blanca piel y sus piernas y brazos repletos de tatuajes parece que destacan cuando posa entre los niños y trabajadores africanos de su orfanato. Pero da igual el motivo si lo importante es contar que, gracias a ella y a gente como ella, hay esperanza de que muchos ‘Hopes’ vean la vida después de la muerte. Hope, de esperanza, pero también de “Help One Person Everyday”, el lema de Lovén y que luce en uno de sus tatuajes más significativos.

Contemos noticias como esta, sin dobles sentidos ni intenciones políticas, aunque nos sintamos raros por no tener nada de lo que quejarnos, de solo celebrar. De mirar a Hope y sonreír, por verle gordito y rebosante de salud. Porque también suceden cosas positivas en la otra punta del planeta, y son las pequeñas historias las que, grano a grano, podrán hacer una montaña de optimismo y mandarnos a la cama por la noche con un buen sabor de boca. Falta nos hace.

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