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Un réquiem por Susana de España

"Susana se arrepiente de haber sido hasta ayer mismo la musa (sic) de la conciencia socialista silenciada"

Foto: Raul Caro | EFE

El sanchismo vence, siempre. Por medio, lo que haga falta: la verdad, los helicópteros, los Ábalos de incógnito o los Ábalos diplomáticos a las horas en que los dutyfree de Barajas me venden primeras planas y Toblerone. Sánchez ha configurado un Gobierno que tiende a nada y en el cual cada marrón viene sostenido y justificado por otro mayor y subsiguiente. Cada ministerio eclipsa al de al lado, y por eso la normalidad es quedar como Cagancho en Almagro en cada Consejo de Ministros.

La última hora del sanchismo es que ha vencido a Susana; primero aupo a María Jesús a los altares de un Ministerio en el que nuestra Chiqui enmendó su pasado y se multó a sí misma. Con Marisu de ministra, el aparato - que es Sánchez y viejas palmeras- desmontaba al susanismo y a Sevilla desde Ferraz. Ahora Marisu nos enfanga a los periodistas y la noticia está en que a quien ha tapado Marisu en el socialismo andaluz, Susana Díaz Pacheco, va penando como una Virgen Macarena sin torero muerto.

Dice ahora Susana que se arrepintió hasta en las habitaciones últimas de la sangre cuando en su momento azuzó la abstención socialista en 2016. Y lo dice dándole la razón a Sánchez, que ya hemos dicho aquí que siempre vence. Ver a la Faraona rendida, ver a Mario Jiménez cerrándole las fontanerías, ver que Susana se pliega al macho alfa es una estampa histórica que no debemos dejar de lado.

Yo me divertí mucho en la guerra entre susanismo y sanchismo en mi época de reportero infiltrado con las bases (una excusa, como otra, para arrimar cebolleta o hacer amigos y comer bien: como en una cofradía andaluza/bajoextremeña). Ahora siento que algo se me ha ido con esta Susana arrepentida.

Susana se arrepiente de haber sido hasta ayer mismo la musa (sic) de la conciencia socialista silenciada.

Por eso la quisimos tanto...

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