Jordi Bernal

Una bola de nieve en el infierno

«Aunque nos vacunemos contra el bicho, seguiremos vulnerables al ilusionismo iluso que nos empuja a seguir hasta que el cuerpo aguante»

Opinión

Una bola de nieve en el infierno
Foto: Pedro Nunes| Reuters
Jordi Bernal

Jordi Bernal

Periodista a su pesar y merodeador de librerías y cines. Autor del libro de crónicas Viajando con ciutadans (Ed. Triacastela, 2015)

«No tenemos ni la esperanza de una bola de nieve en el infierno». Es una de las mejores frases del Ulises de Joyce, y la guardo para momentos merecidos como el actual. Cierto que vamos viendo el final del túnel con una alegría comprensible pero al mismo tiempo temeraria, puesto que el fin de la excepcionalidad dejará en evidencia el desolado paisaje después de la batalla. Dicen que entonces habrá que levantarse y poner de nuevo en funcionamiento la cotidianidad aplazada. Los hay que todavía insisten en que saldremos mejores pese a que a que toda evidencia empírica sobre la condición humana demuestre lo contrario. Si algo sabemos a ciencia cierta es que de esta salimos más pobres y cansados

Pero aún así son bonitos, más que los de enmienda, los propósitos para el nuevo año. Tienen ese no sé qué de muda de estreno, de cambio de piel de serpiente, que rejuvenece momentáneamente el viejo espíritu antes del tropiezo con la piedra de los vicios perennes. Aunque nos vacunemos contra el bicho, seguiremos vulnerables al ilusionismo iluso que nos empuja a seguir hasta que el cuerpo aguante. Siempre hay motivos de alegría pasajera cuando a uno le dejan patearse la calle sin medidas restrictivas ni bozales de trapo. Y, mientras los nuevos macarras de la moral nos lo permitan, nos queda la palabra y la mirada maliciosa sin maldades. 

Así que pese a la falta de esperanza, no desesperemos. Seguiremos igual en el nuevo año: con el seguro convencimiento de que valen los propósitos tanto como las promesas de los políticos, pero a diferencia de estas tienen un candor que a nadie dañan. Aguantaremos lo que nos echen porque no queda otra que fintar los golpes antes que poner la otra mejilla. Y a un paso de derretirnos en el infierno, siempre podremos brindar por tiempos mejores

 

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