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Una Diada para dividirlos a todos

Si el independentismo saliera en La que se avecina, sin duda, el ‘entresuelo’ —para salir corriendo— lo ocuparía en estos momentos ERC

Foto: SERGIO PEREZ | Reuters

La mano tendida de ERC para facilitar la investidura de Pedro Sánchez tenía las horas contadas. “En septiembre no nos podremos abstener”, avisó el portavoz de ERC, Gabriel Rufián a su homóloga en el PSOE, Adriana Lastra. Los socialistas agradecieron “la buena disposición” de los republicanos sin creerse todavía el giro copernicano de su discurso.

La ministra portavoz, Isabel Celáa, insiste estos días en que no quieren constituir un gobierno que “dependa de los independentistas”. Una de cal. Sin embargo, el presidente en funciones trasladará en septiembre una “propuesta de acuerdo progresista” a las fuerzas susceptibles de apoyar su investidura, concretando en Unidas Podemos, ERC, JxCat, PNV y PRC. Otra de arena.

Reconocen que la abstención de los nacionalistas es necesaria para investir a Sánchez. La abstención de unas fuerzas que, lejos de aportar estabilidad, se encuentran en su propia batalla interna por dominar la nueva hoja de ruta separatista.

Si el independentismo saliera en La que se avecina, sin duda, el ‘entresuelo’ —para salir corriendo— lo ocuparía en estos momentos ERC. Los republicanos se sienten dolidos con aquellos que en su día les llamaban héroes y ahora “botiflers” (traidores).

La abstención de ERC a la investidura de Sánchez y el discurso de Rufián con el ya famoso “A mí no me roba España, me roban Rato, Bárcenas, Millet y Pujol” dolió mucho en los sectores más radicales del nacionalismo. “No entienden la búsqueda de diálogo con el Estado para lograr nuestros objetivos”, ampliando a la vez la base social, señalan desde el partido.

Pintadas en sus sedes; amenazas en redes sociales y gritos por la calle: ERC sufre en carne propia la ira nacionalista. Por este acoso y derribo, algunos diputados republicanos incluso se han planteado su asistencia a la Diada del próximo 11 de septiembre. Algo que no perdonarían sus vecinos del primero: JxCat, PDeCat, La Crida… La familia política de Puigdemont se parece a toda esa parentela que no conoces en el ascensor, pero sabes que van al primero.

Éstos buscan el efectismo con una nueva “confrontación” que llaman “pacífica de máxima intensidad con el Estado”. Se inspiran en Maquiavelo al afirmar que es mejor ser temido que querido y resuelven con Bismark que “la gratitud y la confianza no pondrán a un solo hombre de nuestro lado; solo el miedo lo hará si lo sabemos emplear con habilidad y cautela”. La inteligencia justa para intentar poner de su parte a la ANC y Ómnium, que ahora van por libre llamando al resto “descafeinados”.

Las asociaciones independentistas que bien podrían vivir en el segundo, por aquello de ser el niño en el bautizo y la novia en la boda, ya tienen agenda propia en la Diada por si el resto de formaciones separatistas se quieren unir, pero la ANC ya avisa: “Los políticos no formarán parte de la zona especial de invitados”. Su radicalismo despierta temor entre algunos sectores del PDeCat que piden “calma” y “unión” ante lo que será el laboratorio de pruebas a la respuesta por la sentencia del 1-o.

Mientras, los vecinos del tercero —en discordia— la CUP apuestan por una “oleada movilizadora” sostenida en el tiempo “para que arrastre a partidos e instituciones a la ruptura con el Estado”, señala el diputado Carles Riera. Con agenda propia, los ‘cuperos’ anuncian actos en las cárceles llamando a la “movilización ciudadana”. Y coordinando esta vuelta al cole desde el ático de Waterloo se encuentra el Consejo por la República, que reúne a todas las fuerzas independentistas y otras minoritarias como el nuevo partido de Dante Fachin.

En su última reunión en julio, los participantes hablaron sobre los próximos retos pidiendo “unidad estratégica” para afrontar la Diada; el debate de política general en Cataluña con la negociación de los Presupuestos de la Generalitat para 2020 (Cataluña sobrevive con unas cuentas prorrogadas desde 2017); la convocatoria o no de unas elecciones autonómicas anticipadas y la respuesta a la sentencia del procés. Algunos participantes mirando por el tragaluz del edificio, quizás mareados, acordaron no acordar nada y se marcharon.

Las fuentes consultadas esgrimen que “la base para acordar no es firme” y ponen como ejemplo que todas las fuerzas menos JxCat apuestan por pactar los presupuestos y convocar elecciones; unos insisten en que deben hacer pública la hoja de ruta antes de que se conozca la sentencia por el 1-o; mientras otros hablan de implantar ya “consejos territoriales” para fidelizar a la población y “pasar a la acción”. Desobediencia frente a diálogo; hechos frente a palabras.

“El veredicto será duro”, acuerdan todos para, rápidamente, buscar distintas soluciones: una Ley de Amnistía, señalan en ERC o una reforma del Código Penal que reformule el concepto de rebelión, se apuntan ‘Los Comunes’. “Para un hombre con un martillo, todo parece un clavo”. Lo dijo Mark Twain. En efecto, se avecina un otoño caliente con la posible abstención de estas fuerzas para investir a Sánchez presidente.

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